¿El peor trabajo del mundo?

Ken Brodman

“No le digas a mi madre que soy periodista; ella piensa que toco el piano en un burdel”. Tom Wolfe

Hubo una época en la que ser periodista o pensar en llegar a serlo, estaba de moda. Y no sólo porque vivíamos un momento cultural que incitaba a ello, sino porque había la sensación generalizada de que era algo que realmente merecía la pena. Una profesión siempre mal pagada sí, pero lo suficientemente digna como para poder presumir de ella.

Ya no es así. En CIS del pasado mes de marzo, la profesión de periodista sale mal parada. Más que eso. Son los profesionales peor valorados por la sociedad española. Más tarde se supo que los políticos nos ganan en desprestigio social pero aún así, seguimos ocupando una segunda muy vergonzosa posición. En Zoomnews aseguran que buena parte de la culpa la tienen todos aquellos que sin ser periodistas, se hacen pasar por profesionales de la información: tertulianos, prensa rosa, amarillismos deportivos y medios que se pliegan servilmente ante quien manda: la pasta.

Lo curioso es que este desprestigio de la profesión no es algo exclusivamente español. Hoy mismo leo en la columna de Cory Farley, que según un estudio elaborado por CareerCast.com, la del periodista es la peor profesión del momento, en base a las 200 analizadas. Para este estudio de toman en cuenta factores como el esfuerzo físico, el ambiente de trabajo, el salario, o el estrés laboral.

Con todo ello se hace un mix que afirma que los periodistas estamos por debajo de otras profesiones en “franco declive” como reparador de tejados, cartero, granjero, militar o trabajador en una plataforma de petróleo. Estamos casi al mismo nivel que actores y auxiliares de vuelo; los primeros por la dificultad de desarrollar una carrera y los segundos por el auge de las low-cost.

En resumen, que si un hijo mío me dijese en un futuro que quiere ser periodista, debería darle dos guantazos: el primero por preguntar y el segundo para que se le quiten las ganas de volver a hacerlo. “Antes hazte minero o marino mercante” debería de decirle o mejor aún: trabaja de portero de discoteca.

Eso o pasar al ataque. A la remontada. Reivindicando nuestra profesión y defendiéndola con uñas y dientes, como si no hubiera un mañana. Porque tal y como se pregunta Olga Rodríguez en “De qué lado queremos estar los periodistas”¿Qué pasaría si el cincuenta por ciento de los periodistas que cubren información política no acudiera a las ruedas de prensa sin preguntas? o¿Qué consecuencias tendría que los periodistas mencionaran en las ruedas de prensa aquellos asuntos que sus jefes les han señalado como temas por los que no preguntar? o lo que viene a ser lo mismo, ¿Qué pasaría si los periodistas volviesen a recordar en qué consiste su profesión?

Tal vez y sólo tal vez, cambiaría la impresión de borregos amancebados, de crispados y crispantes, todólogos y escurrebultos que hoy en día muchos tenemos. Si los periodistas quisieran utilizar su profesión como vía para mostrar el mundo y desde luego para mejorarlo; para ayudar a comprender no quién hace qué, sino por qué lo hace; para denunciar a pesar de los poderes económicos, políticos y fácticos; para ser realmente una profesión de servicio y no al servicio de.

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