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Y Amazon compró el Washington Post

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Imaginen que un día se levantan, ponen la televisión y escuchan la noticia de que El Corte Inglés ha comprado El País. ¿Qué pensaría? ¿Cuál sería su reacción? Y más allá de esto…¿Cuáles serían las consecuencias? Si usted es lector habitual de El País…¿Seguiría comprándolo? ¿Le preocuparía unos grandes almacenes controlasen uno de los medios de comunicación más importantes?

Pero volvamos a la realidad. El Corte Inglés no ha comprado El País (o al menos no de forma nominal). Lo que sí ha pasado es que Amazon ha comprado el Washington Post. La multinacional ha invertido 250 millones de euros para hacerse con un periódico que si bien ya no es lo que era, sigue contándose entre las cabeceras de referencia en nuestro planeta.

La pregunta en estos momentos no es porqué la familia Graham (propietaria de un diario que contó con Bob Woodward entre sus firmas) vende un diario que cada año pierde lectores, tirada y dinero. La pregunta que cabe hacerse es para qué necesita una empresa como Amazon hacerse con un periódico como el Washington Post o con cualquier otro diario.

En “Toma el Washington Post, Jeff, a ver qué se te ocurre” Jordi Pérez Colomé se aventura a decir que Amazon necesita creadores de contenidos y que en este terreno, pocos van a superar a los periodistas del Post. Es una idea que el periodista deja caer en un artículo que se centra no obstante en la crisis del periódico, el traslado de audiencias y el retrato de un modelo con fecha de caducidad.

Y sin embargo lo que a mí me parece más interesante de la noticia, es precisamente el papel que está comenzando a adquirir Amazon a la hora de crear contenidos. Como comentaba en el artículo “House of cards o el triunfo de Internet”, la empresa de Jef Bezzos ha entrado de lleno en la producción de series de televisión propias y como apunta en su artículo Pérez Colomé, resulta igualmente significativo el hecho de que la última entrevista que concedió Barack Obama se publicó precisamente en la tienda Kindle de Amazon (eso sí, de forma gratuita) dejando al margen a los medios tradicionales.

¿Puede convertirse Amazon en un actor relevante en el mundo de los contenidos? La empresa tiene desde luego la capacidad de llegar a millones de usuarios que disponen de un lector de e-books Kindle, una tablet Kindle Fire  o que son suscriptores de su canal de vídeo bajo demanda Amazon Instant Video. Un poder que desde luego, no es ni mucho menos desdeñable.

Amazon ya tiene la capacidad para que cuando esos usuarios enciendan su tablet o su lector de libros, lo primero que vean sea una selección de contenidos que la empresa ha preparado (curated dicen los anglos) para ellos o lo que es lo mismo: tiene la capacidad para “puentear” a los medios tradicionales.

¿Le conviene hacerlo? Lo más probable desde mi punto de vista es que a corto plazo veamos una fuerte integración de los contenidos del Post en la Kindle Store, ofreciendo a los usuarios grandes reportajes entrevistas interesantes, etc. y en el mismo sentido no sería extraño que precisamente a los usuarios de Kindle se les ofreciesen ventajas y precios especiales por suscribirse a las ediciones tradicionales del Post.

En un segundo momento (pero aquí ya es aventurar) Amazon podría crear su propia cabecera. Por supuesto no sería un periódico de papel y es probable que tampoco viésemos un diario on-line como los conocemos ahora. De hacerlo, lo más probable es que se tratase de una distribución basada en contenidos y no en una marca.

Porque de la misma forma que a la hora de comprarnos un libro de Ken Follet, no necesariamente vamos a estar interesados en leernos el resto de libros del autor, la nueva forma de consumir contenidos implica que en la mayoría de los casos no vamos a estar interesados en el “paquete completo”.

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Los medios empiezan a escapar de Facebook

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Primero fue el “Washington Post” y ahora es el turno de “The Guardian”. A los medios de comunicación parece que se les está acabando el idilio que hasta hace muy poco mantenían con Facebook. Ambas cabeceras habían apostado en su momento por desarrollar sendas aplicaciones para que sus lectores pudieran acceder a todos sus contenidos sin tener que abandonar la red social de Mark Zuckerberg.

Cuando apenas ha pasado un año, oh sorpresa sorpresa, las dos rotativas han decidido eliminar sus aplicaciones, manteniendo únicamente su página de fans como presencial en esta red social. ¿Qué ha pasado? ¿Por qué dos de los medios más importantes del mundo de repente “descubren” que ya no les resulta rentable seguir en Facebook de esta forma? Es difícil dar una respuesta sencilla. En mi opinión habría que analizar el papel que han jugado los tres actores que intervienen en esta ecuación: Los medios, Facebook y los lectores.

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