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Twitter en el ojo del huracán

Jack Dorsey vuelve a Twitter. Casi se lo han rogado. La misma Junta que no dudó en echarle para poner en su lugar a Evan Williams. La misma Junta  que tampoco tuvo ningún reparo en echar a Williams para aupar al puesto de CEO a Dick Costolo. La misma que tras echar hace unas semanas a Costolo le pide a Dorsey que vuelva. Es curioso como se cierra el círculo.

A Dorsey esta petición no le podía llegar en mejor momento. Como cuenta Nick Bilton  en “La verdadera historia de Twitter”, Dorsey no siempre ha admirado a Steve Jobs, sino que lo ha imitado en todo: su ropa, su forma de vestir, su particular forma de hablar, de frotarse las manos, la cadencia de la voz…

El hecho de que como a Jobs, la Junta que le despidió le haya llamado para rescatar a una compañía que se enfrenta a serios problemas, le debe haber parecido profético, casi mesiánico.  La cuestión es saber si va a  estar a la altura del desafío que se le presenta. Que no es precisamente pequeño. Porque no olvidemos que Jobs, cuando en 1996 volvió a Apple lo hizo con el primer iMac diseñado por Jhonny Ive bajo el brazo, por no hablar del iPod, del iPhone o del iPad.

Pero la vuelta de Dorsey no parece tan profética. En primer lugar, porque no es un genio de la talla de Jobs, ni mucho menos. Hay que reconocerle el mérito de haber construido una compañía como Square, capaz de dar la batalla en el campo de los pagos móviles. Pero en el caso de Twitter, difícilmente habría nacido como startup sin el apoyo decisivo de Evan Williams, Noah Glass y Biz Stone. Y es que para muchos, Twitter es Twitter “a pesar de Jack”.

Dicho lo cual, los desafíos a los que se enfrenta la red social no son menores: descenso en el número de usuarios, bajo engagement y tremenda dificultad a la hora de monetizar su modelo de negocio.

Una red social que ha dejado de escalar

Twitter cuenta actualmente con aproximadamente 302 millones de usuarios activos. Lo cual no estaría nada mal si no tuviéramos en cuenta que Facebook ha superado los 1.400 millones de usuarios activos cada mes y que en poco más de un año, esta red social ha pasado de ocupar un cómodo segundo lugar en el mundo del social media (en cuanto a usuarios activos), a verse superada por LinkedIn e Instagram (no tomaremos en cuenta para este propósito los números de Google+ ni los de las plataformas de mensajería instantánea).

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El problema en este terreno no es sin embargo tanto el número de usuarios activos, sino que parece que el crecimiento se ha ralentizado. En el último trimestre la base de usuarios activa sólo creció en tres millones de nuevos usuarios (en su mayor parte provenientes de países emergentes).

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El gráfico superior muestra claramente la diferencia en crecimiento de las dos redes sociales. Los números actuales de Twitter no sólo están a años luz de los números de Facebook, sino que ni siquiera se acercan a los números que Facebook presentaba en 2010. La estrategia de Twitter para acelerar el crecimiento ha pasado hasta ahora por hacer que la red social de microblogging se parezca un poco más a Facebook y su última herramienta “Moments”, camina en esa dirección, como respuesta a los Instant Articles que Facebook presentó hace unos meses.  El único problema es que en general, los usuarios tienden a preferir el original a la copia. Si Twitter quiere crecer, va a tener que recuperar su propia voz, volver a ser un líder, en vez de un follower.

Con Twitter Ads no basta

Junto a un crecimiento que como hemos visto, debe mejorar, los responsables de Twitter siguen luchando por conseguir que su red social sea rentable. Poco a poco lo están consiguiendo, pero como en el caso anterior, la velocidad a la que lo están haciendo es preocupante.

Su principal instrumento para monetizar su red es Twitter Ads. Gracias a sus tweets promocionados, la compañía consiguió unos ingresos de 504 millones de dólares en 2014, frente a los 312 millones de dólares del año anterior. Lo cual es una buena noticia para Dorsey y compañía, ya que los analistas esperaban unos ingresos máximos de 481,3 millones de dólares para ese periodo.

Pero a pesar de que los ingresos crecen, la compañía sigue sin ser rentable. Al cierre del pasado ejercicio, la red social declaró unas pérdidas netas de 136 millones de dólares, frente a los 144 millones de pérdidas que se declararon un año anterior. Buena parte de estos resultados son achacables tanto a la inversión en nuevos centros de datos que permitan dar continuidad al servicio, como los costes fijos operativos de la empresa.

Si se mantuviese esta tendencia de forma lineal, con un crecimiento lento pero sostenido en número de usuarios y unas pérdidas que van cayendo lentamente, a la vez que se estabilizan las inversiones IT de la compañía y aumentan los ingresos por publicidad, la proyección es que la empresa podría empezar a ser rentable en 3-4 años. Un mundo para los inversores, acostumbrados a escenarios que se mueven a toda velocidad, que pasan del blanco al negro en menos de un año.

Toda esta incertidumbre se está reflejando por supuesto en las acciones de la compañía. Los títulos de la empresa, que han llegado a cotizar por encima de los 50 dólares, cayeron esta semana por debajo de los 29 dólares, para estabilizarse en los últimos días en torno a los 30 dólares. Todo en un momento en el que, como asegura Re/Code tras la vuelta de Dorsey al mando, estaría a punto de anunciar una importante reducción de plantilla.

La empresa emplea actualmente a 4.100 trabajadores en sus 35 oficinas de todo el mundo. La cuestión para Dorsey no es si son muchos o no lo son, sino que fuente internas consideran que se ha crecido en RRHH de forma desordenada, si se tiene en cuenta que sólo un año antes, la empresa apenas pasaba de los 2.000 empleados.

Así que dos son las cosas. O tenemos que prepararnos para una Twitter más pequeña, centrada en nichos donde puede crecer, o bien la estrategia pasa por dar un paso atrás, re-estructurar la compañía por completo y prepararse para un nuevo gran paso adelante. Ninguno de los dos planteamientos es sencillo y el tiempo se agota.

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Big Data y periodismo: anticipando la noticia

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Hace más de un año que en el mundo tecnológico no se habla de otra cosa. El análisis de enormes volúmenes de datos, lo que se conoce como Big Data, va a transformar nuestras vidas. Y lo va a hacer de una forma en la que la mayoría de nosotros todavía no somos conscientes.

Todos nosotros, desde el momento que nos despertamos hasta que llega la hora de irnos a dormir, generamos información. Información que cada vez más, se registra en todo tipo de dispositivos: nuestro ordenador, smartphone, tablet, kioskos virtuales, tarjetas de fidelización y un largo etc. ¿Quién hace uso de esa información? ¿De qué modo se saca partido a un volumen de datos que se duplica cada año que pasa?

Las teorías de la conspiración apuntan a las “malvadas” empresas, que usan esa información para ofrecernos productos y hacer negocio con nuestros datos, siguiendo al pie de la letra esa máxima del mundo tecnológico que afirma que cuando un producto es gratuito, es que el producto real somos nosotros.

Y aunque por supuesto algo de esto hay, los beneficios que ya se están derivando del análisis del Big Data, superan con creces los costes, por muy celosos de nuestra intimidad que podamos ser. Google por ejemplo, gracias a un producto como Google Now es capaz al analizar nuestro correo electrónico, nuestra agenda y otros servicios a los que nosotros  le damos acceso (por que queremos, conviene recordarlo), avisarnos de cuándo tenemos que salir de casa si queremos llegar a tiempo a nuestra próxima reunión, o si el vuelo que tenemos previsto coger a las 4, ha sido retrasado.

Pero esto es sólo el principio. Cuantos más datos, de forma inevitable, sigamos “compartiendo” con el mundo, mayor uso puede hacer la tecnología de los mismos. En el campo médico por ejemplo, una app podrá avisarnos de que existen altísimas posibilidades de que cojamos una gripe en las próximas semanas. En el nutricional nuestro teléfono nos informará de que deberíamos comer más pescado para tener una dieta equilibrada y a la hora de comprar, podremos saber en tiempo real en qué tienda venden ese modelo de pantalones que la semana pasada estaban agotados. Son sólo algunos ejemplos del Big Data personal, pero como el Big Data tiene también un ámbito social va a cambiar la forma en la que ejercemos nuestra profesión.

Anticipando la noticia

Todos estamos de acuerdo en que Internet ha supuesto una revolución para el mundo del periodismo. Hoy en día, gracias a herramientas como Twitter, podemos estar al tanto de lo que ocurre, justo en el mismo segundo en que se está produciendo la noticia que abrirá los informativos de las nueve de la noche.

Pero ¿Y si pudiésemos saber qué es lo que va a pasar antes de que ocurra? ¿Cómo afectaría esto a nuestra profesión? Sin necesidad de recurrir al Tarot o a otras ciencias ocultas, el análisis del Big Data nos va a permtir si no saber exactamente qué va a ocurrir, al menos dibujarnos un boceto de lo que probablemente ocurrirá.

El análisis de enormes volúmenes de información, permitirá elaborar grandes esquemas predictivos en los que dadas las variables x, y, z se alcanza un resultado que se espera. Muchos pueden decir que esto es lo que se lleva haciendo durante décadas en las apuestas deportivas… se toman muchas temporadas, el estado de forma de los jugadores, etc. y se apuesta con la información en la mano.

El problema de este modelo “deportivo” es que el volumen de datos que se toman a analizar es pequeño. De esta forma aunque los que lo emplean tienen un porcentaje de acierto mayor que el del apostante casual, el margen de error sigue siendo bastante alto. Si estas apuestas se hiciesen tomando un análisis serio basado en Big Data, no estaríamos hablando de que se duplica el número de datos que se toma como input, ni se triplica, sino que probablemente se elevaría al millón, manteniendo por supuesto un margen de incertidumbre…pero que sería muy pequeño.

Siguiendo el razonamiento anterior, saber quién ganará las próximas elecciones generales dejaría de ser una sorpresa. Sería igualmente previsible saber quién ganaría el próximo premio Nobel de literatura y tampoco tendría secretos el hecho de que haya producido un terremoto en Pakistán. Los profesionales de las necrológicas estarían al tanto de qué personajes famosos van a morir de cáncer en los próximos cinco años y los de internacional, en qué punto del planeta es más probable que estalle el próximo conflicto.

¿Está todo ya escrito o predestinado? Por supuesto que no. En este campo de trabajo el Big Data trabaja con probabilidades, como por otro lado siempre ha hecho el periodismo. Sin embargo si antes estábamos hablando de tirar una moneda al aire para escoger entre cara o cruz, en el futuro cada veremos más monedas con dos caras o incluso con tres.

 

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Cuando el tweet sustituye a la noticia

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Todos o casi todos estamos de acuerdo en que Twitter es un gran canal para mantenernos informados. No sólo porque podemos tener a nuestra disposición miles de fuentes, sino porque escapa del filtrado de información que realizan los medios de comunicación.

Los twitteros lo saben y los periodistas también. Por eso mientras que los primeros se comunican en esta red social, los segundos lo utilizan como una herramienta de trabajo. Gracias a Twitter saben que está pasando en cada momento, qué se cuece antes, durante y después de una gran manifestación o quién dice qué, cuando “escapa” del corsé de los asesores y los gabinetes de comunicación.

Pero una cosa es esto (utilizar Twitter como una herramienta de trabajo) y otra muy diferente el convertir al twittero o incluso al tweet en el centro de la noticia. ¿A qué me refiero con esto? En que en demasiadas ocasiones el tweet o la persona que escribe un tweet recibe el mismo tratamiento que el de una fuente de información fiable y contrastada. ¿Se imaginan a Bernstein y Woodward prestando la más mínima atención a un twittero que afirmase ser “garganta profunda”?

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La dictadura del trending topic

Twitter no es únicamente un hervidero de opiniones, de enlaces a medios de comunicación y otras webs, de pequeños relatos de nuestra vida personal. Twitter es, desde hace tiempo y cada vez más, una pequeña “dictadura” (añádanse las comillas que se estimen oportunas en cada caso) del trending topic.

Ya sean globales, nacionales o locales, los trending topics tienen una función doble. Por un lado sirven para descubrir cuáles son los temas más candentes del momento, permitiendo al twittero participar en la discusión, bien como mero espectador, bien aportando su granito de arena (en forma de tweet o retweet). Pero por el otro, el mero hecho de mostrar públicamente cuáles son los temas del momento, de explicitarlos de manera visible, condicionan y mediatizan necesariamente dicha conversación.

Pongamos un ejemplo para ilustrar esta situación. A la hora de escribir este artículo, uno de los trending topics que descubro cuando entro en mi cuenta en esta red social es “Nacho Vidal”. En principio a la hora de entrar en Twitter, no tenía ninguna intención de escribir ningún tweet sobre el conocido actor porno, pero como me llama la atención pincho en el enlace.

Descubro que se habla de su implicación en una red de fraude masivo a Hacienda en connivencia con empresarios chinos. Tras leer algunos tweets (algunos realmente graciosos), decido participar. De esta forma contribuyo a que la noticia siga siendo trending topic, sea vista por otros usuarios, etc. Hasta aquí nada nuevo. Pero ¿Se puede “fabricar” un trending topic? ¿Se puede dirigir la conversación hacia un terreno que nos interesa? Es algo que no está del todo claro y tener una respuesta definitiva haría las delicias de todos los departamentos de marketing de empresas, partidos políticos y demás “entes” afines.

Lo que no han faltado desde luego son los intentos, más o menos afortunados. Si se invierte mucho dinero (estoy pensando en la campaña electoral de Obama para las elecciones de 2008) desde luego se puede mediatizar la conversación. En ese caso el fenómeno se consiguió gracias a miles de “voluntarios” que apostaron por las redes sociales en un momento en el que todavía no habían alcanzado la mayoría de edad y que eran vistas con cierta “inocencia” desde el exterior.

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De la burbuja 1.0 a la burbuja social

Burbujas. Es de lo que se habla y se escribe hoy en día. De la burbuja inmobiliaria, de la burbuja del crédito fácil, de la burbuja financiera y especulativa.

Se habla menos de la burbuja 2.0, de la sobredimensión de empresas y start-ups tecnológicas, que parecen no haber aprendido demasiadas cosas de la catástrofe que vivió el sector entre 1997 y 2001. Se la llamó la burbuja de la puntocom, un grupo de gigantes empresariales que como suele decirse hoy en día, “había vivido por encima de sus posibilidades”.

En aquel entonces, la sobrevaloración del valor real de empresas que nacían bajo el paraguas de un Internet que daba sus primeros pasos, el hambre desaforado de los fondos de capital riesgo y la confianza excesiva del sistema financiero llevaron al traste a empresas míticas como Geocities (comprada y finalmente cerrada por Yahoo!), Boo.com (que invirtió 188 millones de euros en seis meses para crear una tienda de moda on-line global) o  Pets.com (dedicada a las mascotas).

La burbuja estuvo apunto de acabar también con compañías milagro como Amazon (cuyas acciones pasaron de 100 a 7 dólares en pocos meses), eBay (se salvó de la quiebra casi de milagro) o la incipiente Lastminute, que debutó en la Bolsa de Londres meses antes de que el mundo financiero se diese cuenta de que había llegado el momento de desinvertir.

No sólo afectó a las empresas de Internet sino a las que hacían de la Red su negocio. Un caso claro es el de Cisco, que llegó a perder un 86% de su valor en el Nasdaq, por no hablar de fraudes como el de Worldcom, un proveedor de servicios on-line que fue denunciado por falsificación contable y fiscal.

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Redes sociales y agenda-setting

Trending Topic

Una de las asignaturas que suelen pasarse casi de puntillas en la carrera de periodismo y que luego cuesta volver a recordar es “Comunicación de masas”. Es ahí donde encontramos al viejo y por otro lado grandísimo Marshall McLuhan (estupenda aparición en Annie Hall) que el medio es el mensaje, criticando de esta forma como la televisión estaba cambiando la forma en la que se consumía la información y no sólo, sino cómo se entendía.

Igualmente interesante es la teoría conocida como “agenda-setting” y que afirma que son los medios de comunicación de masas los que determinan qué es noticia y qué no lo es o lo que es lo mismo: son ellos los que determinan por qué debemos preocuparnos, de qué se habla en los bares.

Uno podría pensar que con la irrupción de las redes sociales, los medios han perdido cierta capacidad de influencia en este sentido, que la comunicación ya no es vertical sino que como mínimo se está “horizontalizando” cuando no recorriendo el sentido inverso, esto es: son los twitteros, las redes sociales, los internautas, etc. los que acaban por marcar la agenda.

Sin duda se han dado casos que esto es así. Movimientos como el #15M, el #29S y otros movimientos sociales que nacidos en la redes sociales y en Internet por extensión, han sabido colarse en el discurso público, entrando en los medios de comunicación “tradicionales” más allá de cuando se producían acciones concretas como pudo ser en su momento la acampada en Sol o en las recientes manifestaciones contra los recortes del Gobierno.

Esto no obstante puede llevarnos a lecturas precipitadas, a titulares sensacionalistas que afirmasen que han cambiado las tornas, “power for the people”, el ocaso de los medios, etc. Por paradójico que pueda parecer, los medios “tradicionales”  son capaces de marcar la agenda de conversación en redes sociales como Twitter o Facebook. No hay más que repasar los “trending topics” de cada día para darse cuenta.

Un ejemplo claro fue el caso de Olvido Hormigos, la concejal de los Yébenes que saltó a la fama después de denunciar que un vídeo suyo erótico se había filtrado desde el propio Ayuntamiento. En sí mismo estaríamos hablando de un suceso que otrora apenas daría para un breve en una sección de sucesos, pero que se convirtió en un gran fenómeno mediático impulsado por los sospechosos habituales (Telecinco, Amtena 3) y que contó con la complicidad y colaboración de las redes sociales.

Más reciente es el revuelo que se formó con las palabras del ministro de Educación, José Ignacio Wert al afirmar que “había que españolizar a los niños en catalunya”. Sin compartir estas palabras en lo más minimo es cierto que no hubiesen pasado de anecdóticas si nuestra decadente clase política, en connivencia con los viejos esquemas de comunicación, no las hubiesen amplificado de forma innecesaria.

Gracias a las redes sociales , Wert pasará a la historia por el “españolizador” cuando en realidad, en su gestión política los nubarrones son mucho más preocupantes que esta frase. Una cortina de humo en toda regla por la que hay que felicitar a los asesores de comunicación del Gobierno.

Estos dos casos como muchos otros demuestran en definitiva que las redes sociales, aunque como hemos visto en fenómenos como la Primavera Árabe o el 15M pueden dar a luz movimientos puramente espontáneos y que le son propios, la mayor parte del tiempo se dedican a replicar y reflejar esa “opinión pública” que se sigue imponiendo desde las principales cabeceras de nuestro país.

 

 

 

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