Media, Sin categoría

Tengo una pregunta para ti

mariarajoe

Más que las entrevistas personales, los mítines electorales o los coloquios en una “televisión amiga”, si hay algo que los políticos quieren controlar a toda costa son las ruedas de prensa. A diferencia de los casos anteriores, el político no da ruedas de prensa porque quiera hacerlo (a menos que tenga buenos motivos), sino que lo hace por obligación.

Así que cuando se convoca una rueda de prensa, se mira muy mucho qué teóricas preguntas es posible que se planteen y se tira de argumentario de partido para dar las respuestas, por mucho que en ocasiones haya disonancias entre las primeras y las segundas.

Toda esta labor de preparación previa, la realiza el asesor de prensa o el responsable de comunicación del partido en el escenario que se encuentre (municipal, regional, nacional, etc.). Es su responsabilidad preparar al político lo mejor posible para que cuando acuda al “matadero” salga lo mejor librado posible.

Y hasta aquí la teoría. La practica indica que “Spain is different” y ni los profesionales de la comunicación actúan en estos actos como tales, ni los asesores de comunicación se muestran especialmente brillantes. Como lo más fácil en estos momentos es pegarle al muñeco (A.k.a Rajoy), veamos qué errores cometen los unos y los otros y cómo en consecuencia, nos acercamos más a una república bananera que a una verdadera democracia.

1. Ruedas de prensa sin preguntas

Hace unos meses escribí un artículo sobre el tema. Las ruedas de prensa sin preguntas, se han convertido en algo consustancial a la política española. Por supuesto, nuestro presidente no es una excepción.

Este comportamiento, profundamente antidemocrático  se disfraza diciendo que no se va a convocar una rueda de prensa, sino que se va a realizar una declaración. Es decir un yo hablo y tu apuntas y te callas. Aquí el periodista es culpable de acudir a este tipo de actos o de no dejarlos en cuanto se tiene noticia de que se va a producir tal situación, por mucho que a las direcciones de los medios no les interese lo más mínimo la ética o la falta de la misma en la profesión.

2. Televisiones de plasma

¿Qué decir que no se haya dicho ya? Ante lo esperpéntico de esta situación, quiero creer que la máxima responsabilidad la tiene precisamente el asesor de comunicación.

Tanto si aconsejó que se llevara a cabo dicha práctica como si no fue capaz de disuadir al presidente de llevarla a término, la lógica invita a pensar que la historia debería haber acabado bien con su despido en el primero de los casos, bien con su dimisión en el segundo.

Pero no seamos del todo injustos. Sea como fuere, tendrá el mérito de figurar en los manuales de historia del periodismo como el “profesional” que pensó que colocar una pantalla de plasma para hablar con los medios era una gran idea.

3. Preguntas preparadas

Ahhhh la pregunta preparada, ese truquito de primero de tontería que el político siempre piensa que va a salir bien y luego siempre sale mal. Sale mal porque el periodismo político es un sector pequeño, en el que todo el mundo se conoce.

Sale mal porque si la pregunta está preparada, la respuesta lo está más. Sale aún peor si en esa rueda de prensa sólo permites una única pregunta, a un único periodista que resulta ser del medio de comunicación que más te defiende. Sale mal porque desde el momento que abres la boca todo el mundo ya lo sabe.

Pero lo peor del asunto es que si como ha resultado evidente, había una única pregunta preparada, ¿Tanto le costaba a Rajoy aprenderse la respuesta? ¿Tal es su grado de ineptitud que para defender su honor tuvo que leer la respuesta en un papel?

4. Vetar la entrada /Vetar medios

En un giro inesperado, cuando muchos pensábamos que no se podía hacer peor, a alguien se le ocurrió la brillante idea de que si a un medio de comunicación se le prohibía la entrada en una rueda de prensa, si no se le convocaba, no iba a poder informar, ni para bien ni para mal. Y todos tan contentos.

Y aunque esta práctica todavía no ha empezado a utilizarse en la Moncloa (todo llegará), empieza a ser una práctica más o menos habitual en determinados ayuntamientos. Y si no que le pregunten a la señora Botella sobre la buena relación que mantiene con los profesionales de La Sexta.

5. El tapado

Cuando nadie le espera, aparece el tapado. Cuando el gabinete de comunicación está convencido de que todo está controlado, de repente un verso libre se sale del guión. Y se produce la noticia.

Así ha sido en el caso de la estudiante alemana de periodismo ha puesto en aprietos a Carlos Floriano en los cursos de verano de El Escorial, o el más reciente del periodista rumano que ha puesto en jaque a Rajoy preguntando sobre Bárcenas cuando nadie se lo esperaba.

Tapados, que en su país no tendrían ningún problema para llevar a cabo su profesión. Pero que aquí con los tiempos que corren para la profesión son vistos como héroes; como la única esperanza que nos queda para que quien tiene que hablar, de respuestas.

 

Standard
Media, Sin categoría

Ruedas de prensa sin preguntas

elpais-rubalcaba

Ha sido Rubalcaba en sumarse a la última moda: la ruedas de prensa sin preguntas. Lo ha hecho además en un momento de especial trascendencia, cuando casi todos los medios de comunicación del país están hablando del escándalo de los sobresueldos del PP.

Más allá de la circunstancias de este caso, lo cierto es que realizar ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas, se ha convertido en un auténtico trending topic entre los políticos de nuestro país, un lugar común en el que los unos se limitan a hablar y los segundos a escuchar, escribir, grabar y fotografiar.

En una democracia madura, en la que pagamos a nuestros representantes políticos para ejerzan la labor de Gobierno, es no sólo nuestro derecho, sino también nuestra obligación, el pedir explicaciones por la decisiones que se toman, los hechos que acontecen, lo que se dice y cómo se dice.

Las ruedas de prensa sin preguntas son un paso más hacia la NO democracia. La que se conforma con que votemos cada cuatro años y nos callemos hasta la próxima. La que gobierna de espaldas al ciudadano, al que considera inepto o en un estado de minoría de edad permanente.

Algunos periodistas intenta rebelarse ante esta situación. Expresan sus protestas en público, escriben artículos como el que servidor está escribiendo en estos momentos, y se rasgan las vestiduras ante lo evidente. Ahora Bien, no por eso dejan de salir las informaciones. Sus dueños, los editores, tragan ante lo que consideran que es un mal menor en un negocio que va camino de convertirse en el todo a 100 de la información.

Porque como la información con la que se comercializa en los grandes grupos editoriales ya no es un bien público, sino una excusa para vender vajillas o libros electrónicos, como en realidad se ha convertido en vehículo de negocios que apestan allende los mares, como es excusa para el compadreo y los sobres que salen de la cúpula de los partidos, la queja del periodista se convierte en un chiste que sólo se escucha de fondo.

Cambiarían las cosas si las próximas portadas fueran como las que ilustran la cabecera de este artículo?

Standard