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Diez razones para estudiar periodismo (I)

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Me ha sorprendido la revista Jot Down con un curioso artículo titulado “Diez razones para estudiar periodismo. Ahora cuanto tanto desde dentro como desde fuera del sector se echan pestes sobre la profesión, viene bien que de vez en cuando nos metan un chute de optimismo, un “todavía merece la pena”. Si todavía no lo han leído, se lo recomiendo encarecidamente, después pueden volver a mi artículo. Vemos las primeras cinco razones que expone Jorge Carrión.

1. Porque a veces la vocación no se elige.

No podía estar más de acuerdo. El periodismo siempre ha sido una profesión de “pobres” y salvo contadas excepciones, sólo da para ganarse la vida sin estridencias. ¿Periodista? Lo normal es que tus padres intenten quitártelo de la cabeza. Y salvo aquellos que se apuntan a la carrera porque “está de moda”, porque “quieren salir en la televisión” o porque creen que es una carrera fácil, para el resto es una carrera puramente vocacional.

En mi caso, creo que supe que quería ser periodista casi desde el principio. Desde que tuve que responder a la pregunta ¿Y tú de mayor, qué quieres ser? Claro que como casi todos a esa edad, me imaginaba como periodista de guerra o como corresponsal en un país exótico. Pero esa, es otra historia.

2. Porque existen Mongolia y Orsai

Mongolia es un revista satírica formada principalmente por ex trabajadores de Público, mientras que Orsai  es desde hace muchos años el proyecto personal de Orsai Casciari, uno de los primeros escritores que consiguió convertir el contenido de un blog, en un libro de éxito. De ahí fundó su propia editorial, tiene una revista de referencia y como suelen decir… el resto es historia.

A esta lista podríamos añadir, proyectos tan interesantes como la propia JotDown, Yorokobu y nuevos medios en red como eldiario.es o Infolibre. En este punto Carrión viene a decir: o creas tu propio proyecto con un público que ya te avala previamente, o tienes una pluma que puedes alquilar y colaborar en proyectos de otros. Se acabó el echar curriculums en busca de un contrato “de periodista”. No hay más que ver el artículo “12 ofertas de trabajo y 400 euros” para darse cuenta de la situación.

Los proyectos más interesantes no están en Infojobs, ni los van a anunciar en el periódico. Cada vez más el periodista vale lo que vale su marca. Cuidar su imagen on-line y trabajar más allá de lo que es el trabajo, va a ser fundamental si queremos llegar a algún sitio en esta profesión.

3. Porque estamos viviendo la gran explosión del dato

El Big Data, que cabe duda, es ya el presente de la información. Cada año se duplica el número de información disponible y afirma Carrión, que va a ser necesario disponer de profesionales que sepan interpretar y dar sentido a ese gran volumen de información.

Discrepo con él en que esta respuesta al volumen de información vaya a venir de la mano del periodista. El Big Data está cada vez más automatizado y de hecho, son los ingenieros informáticos los que realmente están desarrollando herramientas de filtrado y análisis de información. Un equipo como IBM Watson es capaz de leer y entender (esto es lo realmente importante) 300.000 páginas en cinco segundos. ¿Es necesario el componente humano para interpretar grandes cantidades de datos? Puede que todavía sí, pero cada vez menos.

4. Porque todos tenemos alma de hacker

Se refiere de pasada el autor a casos como el de Julian Assange o el más reciente Snowden. Sin caer en un terreno gris, es cierto que el periodista del siglo XXI va a tener que saber localizar una información que ha dejado de estar en manos de las personas, para estar cada vez más en las máquinas.

No sólo se trata de dominar Internet, sino saber entrar en ese otro Internet que muchas veces permanece “oculto”. Archivos, bibliotecas, hemerotecas digitales, bases de datos públicas, el periodista va a tener que saber de estadística, economía, aprender a interpretar gráficos, etc.

5. Porque está por reinventar la figura del periodista

¿Qué es ser periodista? ¿Sigue siendo válido reducirlo a una persona que trabaja en una redacción de un medio de comunicación o que en el mejor de los casos, trabaja como freelance en su casa? ¿Son periodistas los que escriben y editan entradas en la wikipedia? ¿Es periodismo un humor gráfico capaz de contar más cosas en una viñeta que mil palabras?

La profesión vive un cambio constante. Términos como “periodismo ciudadano”, “periodista 2.0”, “blogger”, etc. no existían hasta hace muy poco. Es de esperar por lo tanto que sigamos viendo cómo surgen nuevos roles y la profesión sigue reinventándose a sí misma.

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Big Data y periodismo: anticipando la noticia

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Hace más de un año que en el mundo tecnológico no se habla de otra cosa. El análisis de enormes volúmenes de datos, lo que se conoce como Big Data, va a transformar nuestras vidas. Y lo va a hacer de una forma en la que la mayoría de nosotros todavía no somos conscientes.

Todos nosotros, desde el momento que nos despertamos hasta que llega la hora de irnos a dormir, generamos información. Información que cada vez más, se registra en todo tipo de dispositivos: nuestro ordenador, smartphone, tablet, kioskos virtuales, tarjetas de fidelización y un largo etc. ¿Quién hace uso de esa información? ¿De qué modo se saca partido a un volumen de datos que se duplica cada año que pasa?

Las teorías de la conspiración apuntan a las “malvadas” empresas, que usan esa información para ofrecernos productos y hacer negocio con nuestros datos, siguiendo al pie de la letra esa máxima del mundo tecnológico que afirma que cuando un producto es gratuito, es que el producto real somos nosotros.

Y aunque por supuesto algo de esto hay, los beneficios que ya se están derivando del análisis del Big Data, superan con creces los costes, por muy celosos de nuestra intimidad que podamos ser. Google por ejemplo, gracias a un producto como Google Now es capaz al analizar nuestro correo electrónico, nuestra agenda y otros servicios a los que nosotros  le damos acceso (por que queremos, conviene recordarlo), avisarnos de cuándo tenemos que salir de casa si queremos llegar a tiempo a nuestra próxima reunión, o si el vuelo que tenemos previsto coger a las 4, ha sido retrasado.

Pero esto es sólo el principio. Cuantos más datos, de forma inevitable, sigamos “compartiendo” con el mundo, mayor uso puede hacer la tecnología de los mismos. En el campo médico por ejemplo, una app podrá avisarnos de que existen altísimas posibilidades de que cojamos una gripe en las próximas semanas. En el nutricional nuestro teléfono nos informará de que deberíamos comer más pescado para tener una dieta equilibrada y a la hora de comprar, podremos saber en tiempo real en qué tienda venden ese modelo de pantalones que la semana pasada estaban agotados. Son sólo algunos ejemplos del Big Data personal, pero como el Big Data tiene también un ámbito social va a cambiar la forma en la que ejercemos nuestra profesión.

Anticipando la noticia

Todos estamos de acuerdo en que Internet ha supuesto una revolución para el mundo del periodismo. Hoy en día, gracias a herramientas como Twitter, podemos estar al tanto de lo que ocurre, justo en el mismo segundo en que se está produciendo la noticia que abrirá los informativos de las nueve de la noche.

Pero ¿Y si pudiésemos saber qué es lo que va a pasar antes de que ocurra? ¿Cómo afectaría esto a nuestra profesión? Sin necesidad de recurrir al Tarot o a otras ciencias ocultas, el análisis del Big Data nos va a permtir si no saber exactamente qué va a ocurrir, al menos dibujarnos un boceto de lo que probablemente ocurrirá.

El análisis de enormes volúmenes de información, permitirá elaborar grandes esquemas predictivos en los que dadas las variables x, y, z se alcanza un resultado que se espera. Muchos pueden decir que esto es lo que se lleva haciendo durante décadas en las apuestas deportivas… se toman muchas temporadas, el estado de forma de los jugadores, etc. y se apuesta con la información en la mano.

El problema de este modelo “deportivo” es que el volumen de datos que se toman a analizar es pequeño. De esta forma aunque los que lo emplean tienen un porcentaje de acierto mayor que el del apostante casual, el margen de error sigue siendo bastante alto. Si estas apuestas se hiciesen tomando un análisis serio basado en Big Data, no estaríamos hablando de que se duplica el número de datos que se toma como input, ni se triplica, sino que probablemente se elevaría al millón, manteniendo por supuesto un margen de incertidumbre…pero que sería muy pequeño.

Siguiendo el razonamiento anterior, saber quién ganará las próximas elecciones generales dejaría de ser una sorpresa. Sería igualmente previsible saber quién ganaría el próximo premio Nobel de literatura y tampoco tendría secretos el hecho de que haya producido un terremoto en Pakistán. Los profesionales de las necrológicas estarían al tanto de qué personajes famosos van a morir de cáncer en los próximos cinco años y los de internacional, en qué punto del planeta es más probable que estalle el próximo conflicto.

¿Está todo ya escrito o predestinado? Por supuesto que no. En este campo de trabajo el Big Data trabaja con probabilidades, como por otro lado siempre ha hecho el periodismo. Sin embargo si antes estábamos hablando de tirar una moneda al aire para escoger entre cara o cruz, en el futuro cada veremos más monedas con dos caras o incluso con tres.

 

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De periodistas

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Idealizar una profesión, convertirla en lo que no es, hacer que parezca que es otra cosa. Es lo que históricamente han hecho el cine y la televisión con el periodismo. Por supuesto, no estoy hablando de las grandísimas “Ciudadano Kane” o “Primera Plana”, sino de ese subgénero de ficción periodística que tanto gusta al que todavía no tiene muy claro qué carrera quiere estudiar.

En mi época (vaya, ya me siento con solo utilizar esa expresión), Telecinco era capaz de sentar frente al televisor a más de tres millones de telespectadores para ver Periodistas“, una parodia de la profesión interpretada por el siempre galán José Coronado, al que le ofrecía la réplica Álex Angulo. También intervenían una Belén Rueda recién salida de “Médico de familia”, Pepón Nieto (el mismo) y la siempre intermitente Amparo Larrañaga, que mandaba más que casi nadie en el “Crónica”.

Un periódico, el “Crónica”, que si hacemos caso a lo que se nos contaba en la serie, tenía más recursos que el New York Times. Los valientes periodistas ¡No paraban por la redacción! Todo el día investigando, colaborando codo con codo con la policía, ejerciendo su profesión como el mejor de los agentes secretos del CNI. ¡Cómo no querer ser ese Coronado que de vez en cuando salía de la redacción armado hasta con pistola! O el entrañable Álex Angulo que siempre, en cada capítulo, recibía ese chivatazo!

Claro, pasó lo que tenía que pasar. Las facultades se llenaron de potenciales periodistas, que en realidad se convirtieron en futuros becarios. ¡Cómo contarles acaso que lo más cerca de “pisar la calle” sería coger el metro para acudir a una rueda de prensa! Que no sólo pasarían tomando apuntes cinco años de carrera, sino que también el tomar apuntes sería la parte central de su futura profesión! O que las supuestas exclusivas e investigaciones, no son más que sobres (sí, también aquí) que filtran los políticos interesados.

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Periódicos de papel para la tercera edad

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Los medios impresos tienen fecha de caducidad. Hasta aquí, sin novedad en el frente. ¿Cuándo llegará esa caducidad? Según el analista de medios Alan Mutter, mucho antes de lo esperado. Según una investigación realizada en 2010 y repetida de nuevo en 2012, los medios impresos están envejeciendo a un ritmo vertiginoso. O para ser más claros, es la edad media de los lectores de noticias en papel la que está creciendo de forma dramática.

La primera investigación, realizada por Mutter en 2010, revelaba que el 51% de los americanos mayores de 45 años leían medios impresos a diario (periódicos vamos). La sorpresa mayúscula ha llegado cuando a principios de este año se ha repetido el estudio, descubriéndose que el porcentaje ha descendido hasta el 39%. Es decir, estamos hablando de una bajada de 11 puntos en sólo tres años.

¿Qué quiere decir esto? Que a medida que los lectores “mayores” fallecen, su espacio no es reemplazado por un lector más joven que entre a formar parte de estos grupos de edad. Este “joven” ya tiene hábitos adquiridos a la hora de informarse y como es de esperar, Internet y las redes sociales ocupan el lugar del viejo y romántico papel.

Si esta tendencia se mantiene, y de momento no hay razones para pensar que esto no vaya a pasar, descubriríamos como en el año 2022 ya no habrá ningún lector norteamericano mayor de 45 años que lea el periódico a diario. Pero dado que el grupo de mayores de 45 años representa actualmente la franja más alta de lectores en papel (el 79% según Mutter) estaríamos hablando de para ese año con toda seguridad nadie publicará periódicos de papel.

Y esta previsión es conservadora, ya que la progresión que hemos hecho es lineal (tres puntos por año), pero podría haber factores que acelerasen esta tendencia aún más. Casi me atrevería a decir que antes de 2020 ya no se imprimirán más diarios en papel.

¿Responsables? Internet, tablets y nuevos dispositivos. Basta pensar en las pantallas flexibles presentadas por Samsung en el CES de este año y como cada día está más cerca ese momento en el que podamos enrrollar nuestro tablet como si fuera un cucurucho de papel.

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Cuando el tweet sustituye a la noticia

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Todos o casi todos estamos de acuerdo en que Twitter es un gran canal para mantenernos informados. No sólo porque podemos tener a nuestra disposición miles de fuentes, sino porque escapa del filtrado de información que realizan los medios de comunicación.

Los twitteros lo saben y los periodistas también. Por eso mientras que los primeros se comunican en esta red social, los segundos lo utilizan como una herramienta de trabajo. Gracias a Twitter saben que está pasando en cada momento, qué se cuece antes, durante y después de una gran manifestación o quién dice qué, cuando “escapa” del corsé de los asesores y los gabinetes de comunicación.

Pero una cosa es esto (utilizar Twitter como una herramienta de trabajo) y otra muy diferente el convertir al twittero o incluso al tweet en el centro de la noticia. ¿A qué me refiero con esto? En que en demasiadas ocasiones el tweet o la persona que escribe un tweet recibe el mismo tratamiento que el de una fuente de información fiable y contrastada. ¿Se imaginan a Bernstein y Woodward prestando la más mínima atención a un twittero que afirmase ser “garganta profunda”?

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El periodismo de calidad tiene que perder la batalla del tráfico web

Cantidad o calidad. Desde que los medios dan el salto a Internet, es una pregunta que se ha vuelto una constante, especialmente en aquellos que se financian exclusivamente con publicidad y que “tradicionalmente” han tenido en su lucha por conseguir más tráfico y por tanto atraer a más anunciantes, uno de sus caballos de batalla.

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