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Nunca me abandones

Que el mismo autor, Kazuo Ishiguro, que ha sido capaz de escribir ese perfecto cuento inglés que responde al nombre de “Lo que queda de día”, sea el mismo que el de la distópica “Nunca me abandones” solo es posible si escritor de ambas novelas tiene un talento descomunal.

Es el caso de Ishiguro, quien no por precisamente poca cosa, recibe el Nobel de literatura en 2017. “Nunca me abandones” se lee casi de un tirón y como si de una cebolla de tratase, va revelando lo que es y lo que no es, a medida que va perdiendo capas.

Poco se puede contar de la novela para que el resultado no se convierta automáticamente en un spolier descomunal. Lo más sensato sería decir que lo que relata “Nunca me abandones” es la autobiografía de Kathy H una de las tantas niñas de la Inglaterra los años cincuenta que se ven obligadas a vivir en un internado. Pero ni Kathy es una niña normal, ni sus compañeros son lo que cabe esperar. Hailsham por supuesto, tampoco es un internado al uso.

Como en la novela de Ishiguro nada es normal, porque como en realidad nada puede serlo, enseguida descubrimos que se nos arroja a un debate interno sobre la esencia misma de la normalidad y de lo que estamos y no estamos dispuestos a aceptar, también más allá de sus páginas.

Hay que celebrar cómo “Nunca me abandones” conecta directamente con la tradición distópica inglesa (no olvidemos que aunque Ishiguro nace en Japón en 1954, recibe la nacionalidad inglesa en 1982), sin lugar a dudas una de las más prolíficas.

En la misma liga juegan por supuesto ese mundo feliz de Aldous Huxley o el gran hermano orwelliano de “1984”, pero también esos “Hijos de los hombres” de P.D James o la divertidísima “Guía del autoestopista galáctico” de Douglas Adams. Si extendemos el universo distópico inglés a sus primos norteamericanos nos topamos con Cormac McCarthy, Ray Bradbury o Philip K.Dick y aunque Margaret Atwood es canadiense, podría entrar perfectamente en esta categoría.

Porque por algún motivo, mientras que el escritor anglosajón no tiene ningún reparo en imaginarse ese futuro que no quiere o que le aterroriza, el continental permanece mucho más pegado a la tierra. Mientras unos imaginan futuros que se dibujan en dimensiones paralelas, otros prefieren recrearse en su propia historia.

La distopía está tan ligada a la propia naturaleza de lo anglo que cualquier escolar de 12 años de Sussex o Nueva Inglaterra, sabe perfectamente lo que es. En cambio en España, siempre que he utilizado este término para hablar de una película o un libro, he tenido que explicar su significado…algo que imagino que tendría que hacer en Inglaterra si les hablase de la novela picaresca.

No es de extrañar que por los mismos motivos Inglaterra sea cuna de la novela gótica y es difícil imaginarse a los Sheridan Le Fanu, Bram Stoker o Mary Shelley escribiendo fuera de las islas, o Edgar Allan Poe por extensión, en Estados Unidos. Y es que de la misma forma que resulta completamente imposible que un Zorrilla le entre en la cabeza algo tan siniestro como un Frankestein o un vampiro, para el inglés medio del XIX la naturalidad ingeniosa del Lazarillo de Tormes le debería parecer como mínimo sospechosa (ya saben, los PIGS y sus cosas).

Pero volviendo al “Nunca me abandones” de Ishiguro, no puedo sino recomendaros que no la dejéis escapar este 2020 que empieza, seáis o no seáis donantes.

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