Caravan #2: Blue Note, 100 discos de jazz para disfrutar, Giant Steps

Caravan #2: Blue Note, 100 discos de jazz para disfrutar, Giant Steps

Un mes más, en Caravan seguimos publicando los mejores contenidos relacionados con la historia del jazz y sus protagonistas. En esta ocasión os ofrecemos un especial que contiene nada menos que cien de los mejores discos de la historia, os contamos también cómo se grabó ese grandísimo “Giant Steps” y repasamos lo mejor de Blue Note, el sello de jazz de referencia para todos los aficionados.

No os perdáis tampoco los solos de batería de Buddy Rich, o cómo Fren Cohen nos enseña las entrañas de su Jazz Records Center, la primera tienda de jazz que se abrió en la ciudad de Nueva York. ¡Empezamos!

Blue Note: la marca que no puedes olvidar

Fred Cohen, Jazz Records Center: «Hay grabaciones de Charlie Parker que cuestan varios miles de euros»

Giant Steps: el debut de John Coltrane en Atlantic Records

The Buddy Rich Way

Cien discos de jazz para disfrutar de la vida

 

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Caravan #1 Una revista on-line para los amantes del Jazz

Caravan #1 Una revista on-line para los amantes del Jazz

De todos los proyectos en los que estoy involucrado en estos momentos, probablemente CaravanJazz.es sea el más personal. Caravan es, en los tiempos que corren, una locura. Nada menos que una publicación on-line que nace por y para los amantes del jazz.

Un espacio en el que unos amigos y yo hablamos de los discos que más nos gustan y contamos algunos de los secretos del que probablemente, sea el estilo musical que más influencia haya tenido en el siglo XX. Caravan es de momento una revista muy joven, en la que para publicar robamos tiempo a fines de semana, familia y amigos… en la que preferimos publicar poco, pero en la que intentamos que todos los contenidos sean de calidad.

De momento y con poco menos de dos meses de vida, es un proyecto muy pequeño, del que somos conscientes de que tiene una audiencia potencialmente limitada. Pero no nos importa. El simple hecho de desconectar y escribir de lo que más nos gusta, nos engancha. En mi caso, supone durante unas horas cada semana, dejar de lado el cloud computing, los servidores o el Big Data. ¡Casi nada! Estos son algunos de los temas que hemos publicado hasta ahora. ¡No te lo pierdas!

Kind of Blue, el disco que lo cambió todo

¿Quién fue el inventor del jazz?

Cotton Club: mafia, contrabando y jazz.

Jazz en los tiempos de Netflix

La (¿auténtica?) vida de Glenn Miller

Poinciana, el árbol más hermoso

Jazz Life: música en la carretera.

 

Jazz para quien cree que no le gusta el Jazz

Jazz para quien cree que no le gusta el Jazz

Comentaba el otro día con unos amigos algunas de las mejores escenas de Whiplash, la gran película de Damien Chazelle, en la que el oscarizado por esta película J.K Simmons, interpreta a un histriónico profesor de jazz , capaz de llevar al borde de la locura a los alumnos de su Big Band.

Y la conversación discurría dentro de los límites de lo habitual hasta que uno de ellos puso sobre la mesa el comentario cuñado: “el jazz es un coñazo. Está bien  si estás en un club, tomando una copa, tal vez con la compañía adecuada. Pero aún así, es un coñazo”.

En ese momento no supe qué responder. Tal vez si hubiera dicho “creo que el jazz de los años 50 es mejor que el actual” o “¿no te parece que el jazz está sobrevalorado o es muy intelectual?” habríamos tenido la oportunidad de intercambiar puntos de vista, un yo soy más de Ellington, a mí Miles Davis no me lo tocas...ese tipo de cosas. Y ya puestos, comentar esa grandiosa versión de Caravan que John Wasson firma para la banda sonora de la película.

Pero lo suyo fue una enmienda a la totalidad. Y claro así no hay manera. Fue como un “no sé cómo puede gustarte la ópera si solo cantan gordos” o “yo es que no soporto el cine en blanco y negro”. Argumentos de tal fuerza auto-conclusiva que no admiten ningún tipo de respuesta.

Pero lo reconozco: no es fácil entrar en el mundo del jazz. O mejor dicho, es difícil encontrar la puerta de entrada. En parte la culpa la tiene un mundillo que en algunos momentos y de forma deliberada, ha optado por encerrarse en sí mismo. Y en parte, la misma estructura de la música tampoco ayuda: no sirve para radio-fórmula, salvo que vivas en los años 40 no es música bailable y en sus versiones bastardas, se ha convertido en música de sala de espera.

El problema es que como mi amigo, abundan las personas que tienden a considerar el jazz como un todo. Y de la misma forma que Mecano no tiene nada que ver con The Beatles, o Michael Jackson apenas se parece a Madonna, en el jazz la situación es similar. No es lo mismo el Swing que el Bebop, el Hot de los años 20 no se asemeja al Cool que nace 30 años después…por no hablar del Acid Jazz, Latin Jazz, Free Jazz y tantos otros.

Supongo que para cruzar esa puerta, cada uno tiene que encontrar la llave que necesita. Escuchar a los más grandes, ir de vez en cuando a clubs, ver vídeos en directo en Youtube, o recuperar ese “Jazz entre amigos” que Juan Carlos Cifuentes presentó en TVE hasta 1991.

En mi caso, todo empezó con Miles Davis. Primero con “Birth of the cool” y después con el imprescindible “Kind of blue”. Pero sobre todo ha sido el libro “Historia del Jazz” escrito por Ted Goia el que me ha servido para descubrir un mundo que nunca imaginé que podía convertirse en ese espacio propio, cálido y confortable, que todos buscamos.

Así que si todavía no lo has hecho… piénsatelo…Dale una oportunidad.

La fruta extraña de Billie Holliday

La fruta extraña de Billie Holliday

“Southern trees bear strange fruit. Blood on the leaves and blood at the root. Black bodies swinging in the southern breeze. Strange fruit hanging from the poplar trees”.

Hay canciones que son más que una canción. Hay canciones que son himnos, que encierran tanta fuerza que marcan a una generación. Pertenecen a esta categoría temas como “Imagine” de John Lennon, “Blowin’ in the Wind” de Bob Dylan o incluso “L’estaca” de Lluis LLach, colándosela al franquismo de aquella manera.

Todas ellas son herederas de “Strange fruit”. Compuesta en 1939 por Abel Meeropol pero entonada una y otra vez por la voz rota de la gran Billie Holliday,  la canción denuncia siglos de violencia contra el pueblo afroamericano. Habla de linchamientos, de muerte y complicidades. Del hermoso paisaje sureño y de la sangre que riega sus campos.

Y lo hace de forma cruda, sin metáforas: “De los árboles sureños cuelga una fruta extraña. Sangre en las hojas y sangre en la raíz. Cuerpos negros se columpian en la brisa sureña. Fruta extraña colgando de los álamos”.

El tema por supuesto, no tardó en cristalizar como uno de los primeros  lemas del movimiento por los derechos civiles. De hecho, la expresión Strange Fruit se estableció como un sinónimo de los linchamientos que hasta mediados del siglo XX se veían con frecuencia en muchos estados “confederados”. Sin juicio alguno. Colgados de un árbol.

Como cuenta Billie Holliday en su auto-biografía “Lady Sings the Blues” pese a que en 1939 era una estrella reconocida y no pocos blancos acudían a sus conciertos, experimentaba el racismo en sus propias carnes, casi a diario. Los locales en los que actuaba, le obligaban a utilizar la puerta de servicio y en algunos hoteles en los que se hospedaba, no tenía más remedio que utilizar el montacargas.

Su propio padre nos cuenta, murió en 1937 porque todos los hospitales a los que acudió tras una neumonía, se negaron a tratar a un afroamericano. No es casualidad por lo tanto que se enamorase de una canción como “Strange Fruit” que hasta su muerte en 1959, no abandonó las primeras posiciones de su repertorio.

Algunos dirán que parte de la leyenda de Holliday se debe a su carácter violento, a la cantidad de amantes que pasaron por su vida, o su adicción a casi todo tipo de drogas. No es un secreto. Ella mismo lo reconoce en sus memorias.

“Yo he tenido problemas con la dependencia, intermitentemente, durante quince años. He estado enganchada y me he desenganchado. Pero cuando estaba realmente colgada, nadie me fastidiaba. He gastado una pequeña fortuna en drogas. Me he desenganchado, pero sufrí recaídas, y me costó enormes esfuerzos desengancharme. Pero no estoy loca. Cuando empecé a trabajar en este libro, sabía que no podía decir toda la verdad a menos que estuviera curada en el momento de su aparición”.

Pero más allá de los aspavientos, del ruido que rodea a casi todos los que tienen una voz propia, Lady Day nunca dejará de ser la primera gran dama del jazz.  Después de ella ha habido otras…pero no ha habido otra.

Miles Ahead: los años en la cara oculta de la luna

Miles Ahead: los años en la cara oculta de la luna

Si me preguntasen que disco me llevaría a una isla desierta para escuchar una y otra vez, no tengo ninguna duda de que sería “Kind of blue” de Miles Davis. No sólo porque es una auténtica obra maestra, o porque sea el disco más vendido de la historia del jazz.

Si lo escojo es porque es uno de esos álbumes que cambian cada vez que lo escuchas, poliédrico en ritmo y en significado. Un trabajo de estudio capaz de conectar con casi cualquier estado de ánimo: desde ese “blue” melancólico que reza el título del disco, hasta incluso la euforia más desparramada.

Como no podía ser de otra forma, el “So what” con el que Davis arranca el disco no falta en la banda sonora de “Miles Ahead”. El biopic, filmado por Don Cheadle en 2015 y en el que el propio Cheadle hace de Miles Davis, sin ser una de las grandes películas de la historia, sí que resulta imprescindible para los amantes de la música en general y del jazz en particular.

Lo más interesante de la cinta es que se aleja del clásico biopic para centrarse en esos “cinco años en la cara oculta de la luna” en los que Davis desapareció de la escena y se temió seriamente que las drogas y su lesión de cadera (que le hacía cojear ostensiblemente) acabase definitivamente con su carrera.

De forma paralela y a base de flash backs impresionistas la película recupera algunos de los episodios más interesantes de la estrella del jazz, especialmente en su relación con su  mujer, la bailarina Frances Taylor. 

Entre los méritos de “Miles Ahead” se encuentran hechos curiosos como que tuvo que recurrir a la plataforma de crowdfunding IndieGoGo para levantar los poco más de 300.000 euros que le sirvieron a su director para financiar la película, si bien finalmente Sony Classics decidió darle el empujón que necesitaba la producción para llegar a las salas.

Sin estar a la altura de títulos como “Whiplash”, “Bird”  o “Cottom Club”, la película consigue sin embargo algo que no muchas cintas consiguen hacer: conectar desde la música con ese algo tan íntimo que todos llevamos dentro.