Jorge Carrión
Bookworm

Librerías

Voy a decirlo ya, en el primer párrafo: envidio la vida de Jorge Carrión. El autor de “Librerías” entrega un estupendo ensayo en que defiende a capa y espada la utilidad, la necesidad de librerías en tiempos de Amazon. Y es que una persona que puede pasar media vida visitando las mejores, las más antiguas o las más exóticas librerías del mundo, se ha ganado mi envidia y sospecho que la de muchos otros.

Me conquista enseguida por esa definición que hace de la librería como viaje a la Arcadia. El hecho de que en cualquier país del mundo en el que se encuentre, baste con cruzar la puerta de cualquiera de estos establecimientos para volver a sentirse en casa, para regresar a la patria sin necesidad de enseñar el pasaporte.

Y comparto plenamente con él la idea de que a diferencia de la biblioteca, la librería es toda una declaración de intenciones. La librería casi nunca (salvo las grandes cadenas comerciales) es inocente. Lanza desde el mismo escaparate una propuesta ideológica y en los pasillos, en las mesas y estantes sugiere un camino propio, siempre diferente, que se convierte en el espejo de la mirada del librero.

Repasa Carrión la historia de algunas de esas librerías que se han convertido en puntos de peregrinación para turistas coolturetas como “Shakespeare and Company” en París, “Livraria Lello” en Oporto o la “City Lights” de San Francisco; se introduce en algunas de las más antiguas, como la “Bertrand” de Lisboa, “Hatchards” en Londres o “La librería de Ávila” en Buenos Aires; recorre las librerías underground que dieron lugar al fenómeno beatnick americano, o todas esas parisinas que vibraban bajo la sombra de Joyce, Barthes y tantos otros.

Y también, desposeídas del misticismo de la historia, hay espacio para todas esas que simplemente están porque son necesarias en países como Guatemala, Marruecos, México, Sudáfrica o Japón: porque o han formado o forman parte de la resistencia.

Pero no es ingenuo. Su romanticismo no es näif. Como tantos otros, la librería es un animal en peligro de extinción. Por eso valora también que en los últimos años hayan nacido un buen número de librerías casi “sin alma”, como museos modernos en los que a veces el continente supera al contenido: teatros antiguos, iglesias abandonadas y viejas fábricas que tras su paso por el taller de grandes estudios de arquitectura, parecen renacer de sus cenizas como un gran espectáculo para los sentidos y en que lo más importante no siempre son los libros.

Termina con esas librerías que asociamos a nuestra infancia, que han crecido con nosotros y que muchas veces solo parecen importantes para la gente del barrio: porque como el bar, la escuela o la farmacia, la librería de proximidad define quiénes somos. Así que la próxima vez que queráis comprar un libro, olvidaros de Internet, acudid sin prisa a vuestra librería favorita. ¡No dejéis que desaparezca!

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