MCPRO Insider #2: Samsung tropieza con la misma piedra, Intel se pierde el 5G mobile, Telefónica alivia su deuda

MCPRO Insider #2: Samsung tropieza con la misma piedra, Intel se pierde el 5G mobile, Telefónica alivia su deuda

Tras el éxito arrollador y completamente esperado de nuestro primer MCPRO Insider, volvemos a la carga. En este segundo número arrancamos con los «problemillas» que últimamente tiene Samsung y seguimos con el fin de la disputa de Apple y Qualcomm o cómo el mercado del streaming de contenidos empieza a estar al borde de la histeria. También os contamos qué está haciendo Telefónica con sus centros de datos o cómo la tecnología va a tener un papel protagonista para reconstruir Notre-Dame. Comenzamos.

Samsung no se «Foldla»

A Samsung no le duele tropezar dos veces con la misma piedra. Si en 2017 sorprendió al mundo con las baterías explosivas de su Galaxy Note 7, ahora casi repite la jugada con el lanzamiento de un Galaxy Fold que no se está doblando precisamente todo lo bien que debería. A este respecto, los chicos de iFixit analizan con todo lujo de detalle los problemas de un terminal que sigue siendo en gran medida, un work in progress y que incluso si en algún momento se llega a lanzar, probablemente no lo compre nadie.

Como contrapartida, y a diferencia de lo que ocurrió hace unos años, en esta ocasión los coreanos han sabido anticiparse al gran desastre y han hecho pública una nota de disculpa, en el que prometen que a partir de ahora, van a pensárselo dos veces antes de lanzar otro producto defectuoso al mercado.

Pero como en Samsung están acostumbrados a ofrecernos una de cal y otra de arena, mientras intentaban enterrar el asuntillo Fold, también nos han contado que quieren convertirse en el mayor fabricante de procesadores del mundo, para lo cual están dispuestos a invertir nada menos que 116.000 millones de dólares. Lo que sea, para mejorar unos resultados que se han desplomado en el primer trimestre del año.

Apple y Qualcomm son «best friends again» e Intel se va de la fiesta 5G

No hay nada mejor que se acerque la fecha de celebración de un juicio largo, farragoso y probablemente estéril, para que los abogados de las partes enfrentadas tarden menos de una hora en llegar a un acuerdo. Es lo que ha ocurrido precisamente entre Qualcomm y Apple, que tras años de disputas, han llegado a un acuerdo de licencias por un mínimo de seis años.

¿Buenas noticias para todos entonces? No desde luego, para Intel. La firma de Bob Swan se las prometía muy felices cuando le dijeron que iban a encargarse de fabricar el modem 5G de los nuevos iPhone.

Tras el acuerdo entre Apple y Qualcomm, Intel queda fuera de juego y en medio de la rabieta, dice ahora que chips 5G para móviles, ni ahora ni nunca. Lo cual, ni es malo, ni es bueno, ni todo lo contrario. La tecnológica acaba de presentar unos resultados bastante discretos, flojos incluso en el área de servidores, pero que crecen más de lo esperado en áreas como el IoT o incluso, en el mercado PC.

Telefónica encuentra comprador para sus centros de datos

A José María Álvarez Pallete le han sentado estupendamente las últimas torrijas. Tras algunas semanas de especulaciones, Telefónica ha confirmado finalmente, que vende todos sus centros de datos. El mejor postor ha sido Asterion, que pagará nada menos que 600 millones de euros por buena parte del «hierro» de la marca.

Curiosamente, la noticia se produce al poco de lanzar «Cloud Garden», una alianza con IBM para («wait for it») ofrecer a las empresas los servicios de la multinacional americana, desde los centros de datos de la española. Teóricamente no debería cambiar nada a corto plazo, pero el terremoto que se intuye a medio, puede dejar corta la escala de Ritcher.

A principios de este mes de abril, Laura Abasolo, CFO de Telefónica, contaba en una entrevista para El País que «La deuda va a dejar de definir a Telefónica«. La venta de los centros de datos desde luego va a contribuir a ello, pero no hay que olvidar que la compañía sigue debiendo casi 40.000 millones de euros.

Disney anuncia Disney+ y a Netflix (de momento) no le tiemblan las piernas

Tras comprar Los Simpsons FOX hace un año, Disney llegó a la conclusión que ya tenía todo lo que necesitaba para lanzar su propio servicio de streaming de contenidos. Así que 365 días más tarde, Bob Iger (CEO de la compañía) ha hecho el anuncio oficial: nace Disney+

Mucho se ha escrito sobre la calidad de su catálogo de contenidos o de cómo va a impactar la llegada del gigante sobre Netflix. De momento, para la compañía de Reed Hastings es un «sin novedad en el frente», toda vez que los resultados de su último trimestre han crecido más de un 7%. Sin embargo, como cuentan en Wired, Mickey Mouse tiene un plan muy preciso para conquistar el mundo.

Disney sin embargo no han sido la última en sumarse a la fiesta del streaming de contenidos. Apple amenaza con llevar su nuevo servicio, Apple TV+ a casi todos los países del mundo y hasta los chicos de Hulu están planeando su expansión internacional. Qué quereis que os diga, empieza a pasarme como a Catie Keck de Gizmodo, que he perdido la cuenta de los nuevos servicios que se lanzan y lo que es peor, empieza a no importarme nada.

La tecnología ayudó a salvar y ayudará a reconstruir Notre-Dame

Todos coincidimos en que el incendio de Notre-Dame, el pasado 15 de abril, fue una gran desgracia. Con todo, la actuación de los bomberos pero también de la tecnología, evitó la catástrofe completa. Gracias a «Colossus» un inteligentísimo robot bombero, no sólo consiguió apagar los focos de fuego más complicados, sino que además fue clave para prevenir la pérdida de vidas humanas.

A la hora de reconstruir el templo, sin lugar a dudas habrá que darle las gracias a Andrew Tallon, un historiador especializado en arquitectura medieval, que completó meses antes de su muerte el que seguramente fue el proyecto más ambicioso de su vida: escanear, gracias a una cámara láser 3D, todos y cada uno de los detalles de la catedral de Notre Dame. Sin saberlo, ahora esas imágenes pueden ayudar a los expertos a reconstruirla.

De una forma similar quieren contribuir los chicos de Ubisoft, cuya reconstrucción de la catedral francesa en su famoso videojuego Assassin’s Creed Unity, ayudará a las autoridades en este terreno. Y lo que para los usuarios es aún mejor, han decidido regalar el juego en su versión PC.

Ya que has llegado hasta aquí

Ya que has llegado hasta aquí, estamos seguros de que esto también te interesa. En primer lugar, queremos recordarte que el próximo 9 de mayo, el Palacio de Congresos de Madrid celebra una nueva edición de Salesforce Basecamp,uno de los eventos más importantes del año para la firma americana. Salesforce Basecamp Madrid 2019 contará con más de 35 sesiones especializadas, demostraciones en vivo y una zona de exposición Customer Success con más de 30 partners y áreas específicas para pequeñas y medianas empresas. ¿Te lo vas a perder?

Si te sabe a poco, también puedes animarte a pasarte por el AWS Summit Madrid 2019 el próximo 7 de mayo. Un año después de la celebración de su primera edición en la capital, los asistentes contarán con la oportunidad de descubrir cómo la nube está contribuyendo a la aceleración de la innovación en todo tipo de empresas, independientemente de su tamaño. Encontrarás toda la información sobre esta jornada de AWS aquí.

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MCPRO Insider #1: Google cierra servicios, Facebook como compañía tóxica, Microsoft y el Open Source

MCPRO Insider #1: Google cierra servicios, Facebook como compañía tóxica, Microsoft y el Open Source

Bienvenidos a MCPRO Insider, el espacio desde el queremos contarte lo que ocurre en la industria tecnológica, de una forma diferente. Lo hacemos desde un prisma muy personal, utilizando por supuesto la voz de nuestros propios medios (MCPRO, MuyPymes, MC, MuyCanal, MuySeguridad, MuyLinux) pero apoyándonos también en todos aquellos (personas, medios, empresas) que saben contar buenas historias.

En nuestro primer número os hablamos de tres de las empresas que forman parte del santoral tecnológico (Google, Microsoft, Facebook) y de cómo cada vez hay más motivos de preocupación sobre ese gran invento que responde al nombre de “reconocimiento facial”. Además te proponemos que participes en nuestra encuesta de inversión IT. Comenzamos.

Google no sabe qué hacer con sus servicios

Google se ha convertido en una compañía especializada en estrenar nuevas aplicaciones y servicios para, sin dar demasiadas explicaciones, cerrarlas a los pocos años. En las últimas semanas hemos visto como los de MountainView han puesto fin a la aventura de Google Inbox y Google+. Y si de cerrar se trata, se han lucido con su comité de ética para la inteligencia artificial. La protesta de sus propios trabajadores ha conseguido que dure menos de una semana.

Con ese historial, muchos empiezan a plantearse si Google ha empezado a ser una compañía de la que uno no se puede fiar, en la que no merece la pena invertir tiempo (y datos).

Todo esto puede explique que Stadia, su servicio de streaming de juegos y que promete (y aquí la palabra promete es la importante) muchas cosas, haya sido recibido por casi todos con más escepticismo que otra cosa.

Microsoft y el Open Source: si no puedes con tu enemigo, únete a él

Aunque han pasado varios años, no son pocos los que se acuerdan de la famosa frase de Steve Ballmer: “Linux is a Cancer”. De alguna forma, podríamos disculparle… si recordamos que Ballmer fue el tipo que también dijo que el iPhone sería un fracaso o que decidió que comprar Nokia, era la mejor idea para relanzar su estrategia en el campo de los teléfonos móviles.

Casi 20 años después, Microsoft ha dado un cambio radical, con decisiones tan interesantes como permitir la ejecución de subsistemas Linux en Windows 10. Esta semana ha vuelto a hacerlo: acaban de publicar Visual Studio 2019 para todas las plataformas, y en el caso de Linux, se ha permitido el lujo de aliarse con Canonical para publicarlo en forma de Snap.

Como además ha recordado estos días en Madrid Natalia Mackevicius (general manager de Microsoft Azure Stack) su posición en el data center empresarial pasa por abrirse a cualquier tecnología que le demanden sus clientes: desde sistemas operativos completos como CentOS a desarrollos Open Source como Kubernetes, Red Hat Open Shift o Cloud Foundry.

Facebook tiene un serio problema y no lo va a poder solucionar

Lo de Cambridge Analytica era solo la punta del iceberg. Por mucho que Mark Zuckerberg haya declarado que quiere convertir a Facebook orientada hacia la privacidad y la seguridad de sus usuarios, lo cierto es que los escándalos se acumulan a diario. En el último mes se han encontrado 540 millones de registros de usuarios de esta red social en servidores públicos y se ha descubierto que la compañía ha almacenado millones de contraseñas en texto plano, sin cifrar, y por lo tanto accesibles a cualquier trabajador de la empresa.

Esto por no hablar de su incapacidad para impedir que sus propios usuarios compartan contenidos que incitan al odio o que directamente, son delictivos, como se ha demostrado con el filtrado de vídeos que muestran la matanza de musulmanes en una mezquita de Nueva Zelanda. Tal vez tengamos que dar la razón a Linus Torvalds, cuando dice que “Facebook es una enfermedad” o a las marcas que ya se están planteando si la de Zuckerberg se ha convertido en una compañía tóxica.

El reconocimiento facial comienza a inquietar a los expertos

El reconocimiento facial ha dejado de ser esa “simpática forma” de desbloquear tu teléfono con seguridad, a convertirse en algo mucho más serio. No solo se está implementando en decenas de ciudades chinas para controlar a sus ciudadanos, sino que en Europa y en Estados Unidos estamos empezando a ver sus primeros usos comerciales a la hora de agilizar la entrada en espectáculos públicos o incluso, para mejorar el acceso en los aeropuertos.

Sin embargo, esta semana varias voces han empezado a cuestionar cómo esta tecnología invade nuestra privacidad. Por si esto fuera poco, muchos sugieren que la AI asociada al reconocimiento facial, por lo general repite los estereotipos y juicios morales que asumimos como seres humanos. Y si no, que se lo pregunten a Amazon: en una carta abierta dirigida a Jeff Bezos, decenas de investigadores de las principales universidades de Estados Unidos han pedido que Amazon retire sus dispositivos y algoritmos de reconocimiento facial, al considerar que discrimina a todo tipo de minorías.

Ya que has llegado hasta aquí

Ya que has llegado hasta aquí, estamos seguros de que esto también te interesa. En primer lugar te proponemos que descubras cómo la nube está definiendo nuevos tipos de profesionales y compañías: disruptivas, innovadoras, optimizadoras. Puedes hacerlo descargándote el whitepaper “Beyond agility: How cloud is driving enterprise innovation”.

Además queremos saber más de ti (y de tu empresa). Para conseguirlo hemos puesto en marcha nuestro “Estudio Trimestral IT”, una macro encuesta con la que queremos conocer cómo es la realidad de las empresas IT, cómo les afectan las innovaciones tecnológicas y las fluctuaciones económicas. ¿Te animas a partipar?

Internet antes de Google

Mi navegador preferido es Google Chrome. Mi gestor de correo es Gmail. Guardo la mayoría de mis archivos en Google Drive. El sistema operativo de mi teléfono es Android y mi televisión es un poco más inteligente gracias a Google Chromecast que entre otras cosas, utilizo para ver vídeos de Youtube. Mi vida tecnológica, como la de muchos de los que estáis ahora leyendo estas líneas, está tan ligada a Google, que no es exagerado afirmar que pasamos más tiempo con la empresa de Mountainview, que junto a nuestros seres queridos.

Esto obviamente, no siempre ha sido así. Al fin y al cabo,  el buscador más famoso y más utilizado del mundo no vio la luz hasta 1998 y no se comenzó a popularizarse hasta unos años después. Y sin embargo, había una vida más que interesante en Internet antes de Google.

before_internet

Comencemos por lo más básico. ¿Cómo buscábamos información en la Red a finales de los años 90? Seguramente con alguno de los buscadores de los que en MuyPymes mencionamos en “Internet antes de Google: 10 buscadores que hicieron historia”: Lycos, Excite, Altavista, Infoseek…

De todos, Altavista era el que yo utilizaba con más frecuencia, junto con Yahoo! que por aquel entonces no pasaba en realidad de ser un catálogo que ordenaba las webs en función de su popularidad en diversas categorías.

Altavista

Buscar información y encontrar lo que buscabas no era un tema baladí. De hecho la “poca utilidad” que por aquel entonces tenían muchos de estos buscadores, se comprendía al observar como en las librerías los libros del tipo “las páginas amarillas de Internet” se vendían más que bien.  Y no sólo hablamos de libros. En el kiosko, revistas como Netmania (del grupo Hobby Press), intentaban conquistar a un usuario que de todas todas, estaba dando sus primeros pasos en la Red a golpe de una conexión que no era plana y que mantenía “ocupado” el teléfono durante horas.

¿Cómo nos comunicábamos? La mayoría de nosotros, desde el buzón POP3 que nos regalaba nuestro proveedor de Internet.  Y no, no hablo de los Telefónica, Vodafone o Jazztel desde los que os conectáis ahora. La mayoría eran empresas como Arrakis, entidades bancarias como Bankinter (sí, mi proveedor de Internet durante un par de años fue un banco), portales de contenidos como Tiscali o EresMas, y en definitiva casi cualquier empresa que pudiera meter un dialer en un CD y regalarlo en ferias de informática como el SIMO.

Pero volvamos a la comunicación.Porque vaya si nos comunicábamos. Antes de las redes sociales, el correo electrónico nos parecía algo tan milagroso que de repente recuperamos el género epistolar con un entusiasmo que no se veía en España desde la época de Quevedo. Enormes e-mails en los que nos contábamos de todo, absolutamente de todo, como si no hubiera un mañana. Y no había Google, pero muchos confiaban en ese imán de SPAM que era Microsoft Messenger, mientras que los más “modernos” escribían (sospecho que siguen haciéndolo) desde Yahoo Mail.

ozu-1999

Y tan contentos estábamos con nuestras cartas cuando de repente en España una empresa tan castiza como “Olé” inauguró las primeras (o almenos para mí lo eran) salas de chat basadas en Java. Éramos una pequeña familia. Y digo pequeña porque cuando entrabas en la sala #Madrid, por poner un ejemplo, en los días buenos no había más de 50 personas conectadas al mismo tiempo. Se podía chatear en el canal abierto y aunque ahora pueda parecer extraño, ligar no era ni mucho menos el objetivo principal. Lo de las salas de chat tan pequeñas como el salón de casa se mantuvo durante un breve periodo de tiempo y como dijo Vargas Llosa, no está del todo claro “cuando se nos jodió el Perú”.

Tal vez fue cuando Terra inauguró las suyas o tal vez fue cuando casi todos aprendieron a conectarse al mIRC, un programa de chat instantántea basado en nodos y canales y que para utilizarlo correctamente había que aprenderse unos cuantos atajos de teclado. Mítico por supuesto era el nodo #mIRCHispano y su archiconocida sala #Amistad, pero eso es otra historia.

icq

De la sala de chat saltamos también antes de llegar a Google a los programas de mensajería instantánea. Y como contamos en “De ICQ a WhatsApp en la Web: Historia de la mensajería instantánea”, ICQ fue el encargado de abrir camino y marcar una época. Los que los utilizábamos (la mayoría proveníamos de las salas de chat de Olé y Ozú y nos trasladamos a esta plataforma) no dábamos crédito a lo que veíamos. Visto con perspectiva es cierto que la interfaz era más bien cutre, pero el hecho de poder ver en tiempo real cómo nuestro interlocutor escribía, borraba las letras, cambiaba de idea… nos parecía casi brujería.

Aunque durante ese tiempo fueron surgiendo otros programas, la mayoría pasamos del ICQ al Messenger, sobre todo cuando Microsoft lo impuso “por decreto” al incluirlo en Windows XP. ¿Nos gustó? Nos gustó.

napster

Para no alargarme demasiado, el último hito al que quiero referirme antes de la llegada de Google es la descarga de música de la Red. Y no, no hablo de Napster, programa que se popularizaría como el primer tímido azote para la industria discográfica. Hablo de páginas que, sorpresa sorpresa, ofrecían la descarga de MP3 directa, ya que alojaban la música directamente en sus servidores.

Toda la información se organizaba en torno a catálogos de enlaces, ordenados de forma jerárquica que había que escudriñar en busca de lo que queríamos. Pero daba igual. Cuando encontrábamos la canción, no no nos importaba esperar una media hora hasta que se bjase nuestro MP3, o que tuviéramos que utilizar 3 o 4 discos de 3,5 pulgadas para guardarlo. Lo que importaba es que era nuestra, que sabíamos que habíamos hecho algo”ilegal” y que nos nos importaba.

Hasta la llegada de Napster este tipo de páginas vivieron una suerte de “edad dorada” y como consecuencia cada vez resultaba más complicada encontrar alguna que no quisiera vender un servicio de suscripción o que fuese directamente falsa. Casi al mismo tiempo del lanzamiento de Napster, empezaron a presentarse los primeros reproductores de MP3 (Yo me hice con un Samsung Yepp con 32 MB de almacenamiento interno y un diseño espectacular, construido en aluminio pulido) y como suele decirse, el resto es historia.

Amazon Echo y la ubicuidad de la tienda en casa

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A última hora del pasado viernes, es MuyPymes escribíamos sobre cómo Echo, el último producto de Amazon, tenía casi todo lo necesario para revolucionar el comercio electrónico del futuro. Y es curioso porque Echo es en su concepción, poco más que un asistente personal diseñado en forma de altavoz inalámbrico.

Como Siri, como Google Now, como Cortana, Echo puede comunicarse de una forma semi automática con los usuarios. Puede por ejemplo reproducir música, programar alarmas, establecer citas en el calendario y responder a preguntas básicas sobre medidas y determinados datos que pueden encontrarse en la Wikipedia. Para activarlo, todo lo que tenemos que hacer es decir “Alexa” y Echo empezará a escuchar lo que tengamos que decir.

Hasta aquí pocas diferencias con respecto a los demás, salvo el hecho de disponer de un micrófono capaz de recoger el sonido de una habitación sin que nos tengamos que acercar. ¿Por qué querría vender Amazon algo así? Estamos de acuerdo que el negocio de Amazon no es el de ayudarnos a hacer búsquedas en Internet o de ofrecernos una tecnología que nos asista en nuestro día a día. Todos sabemos que el negocio de Amazon es vendernos cosas, incluso a través de la tecnología. Sus tablets (Kindle Fire) sus lectores de eBooks e incluso su fallido smartphone, no valen tanto por lo que tecnológicamente son capaces de hacer, sino por los contenidos que son capaces de vender.

¿Dónde encaja entonces Echo en esta estrategia de venta? Si nos fijamos en el vídeo que incluimos en el artículo, en un momento determinado la protagonista dice “Alexa, añade papel de envolver a la lista”.  Lo que consigue de esta forma es que el dispositivo añada el ingrediente que le falta en ese momento a la lista de la compra. Más tarde, esa persona realizará la compra en Amazon.

Esto por supuesto solo es el principio.  Si Echo funciona, es probable que en un futuro cercano Echo no sólo nos permita añadir productos a la lista de la compra, sino comprarlos directamente. Es decir, esa misma señora podría decir “Alexa, compra leche” y a las pocas horas encontrar como un simpático paquete de Amazon llama a nuestra puerta.

Desde una perspectiva empresarial, la idea es brillante. Sería la primera vez que una empresa consiga que no sean los clientes los que tengan que ir a una tienda a comprar cosas (física o virtual), sino que la tienda ya esté en casa, de forma ubicua, en cada habitación, para todo lo que podamos necesitar. ¿Os imagináis la cantidad de compras por impulso que se harán? Vemos un anuncio en la televisión de un nuevo teléfono inteligente y de repente sentimos esa sensación de cosquilleo. Lo queremos.

En un escenario normal, meditaríamos nuestra decisión, esperaríamos al día siguiente o a la semana siguiente antes de acercarnos a la tienda o echaríamos un vistazo a decenas de reseñas on-line antes de comprar. Con Echo, es probable que de una forma casi involuntaria dijéramos “Alexa, compra el teléfono”. Y bang! demasiado tarde para echarnos atrás.

Por supuesto es probable que esto finalmente no vaya a ser así. Puede que podamos configurar distintos filtros antes de comprar, en función de variables como precio, categoría de producto y demás, pero sin lugar a dudas es un paso más que muestra cómo las barreras entre los on-line y lo off-line se van difuminando cada vez más hasta en ocasiones tener dificultades para distinguir realmente donde acaba un mundo y dónde empieza el otro.

Echo no es el primer intento de Amazon por entrar por la puerta grande de nuestra casa, pero parece desde luego uno de los potencialmente más serios.  Harán mal lo que apresuradamente lo juzguen a la ligera como un dispositivo más porque en mi opinión, si triunfa, tiene todo lo necesario para cambiar las reglas del juego.

Vivir con un Chromebook

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Desde hace un par de semanas utilizo de forma exclusiva un Chromebook. Para quién no lo sepa, los chromebooks son esos portátiles apoyados por Google y que utilizan únicamente Chrome OS como sistema operativo. Teniendo en cuenta que el 99% de mi actividad en un ordenador la paso frente a un navegador, pensé que la experiencia podría merecer la pena. ¿Ha sido así?

Vayamos por partes. En primer lugar, en este post no voy a analizar qué se puede hacer o qué no se puede hacer con un Chromebook. Si estáis interesados en saberlo, os recomiendo que leáis el especial de tres artículos que hemos publicado en MuyPymes. Podéis consultarlo aquí: Parte I, Parte II y Parte III.

Lo que sí quiero aclarar es que trabajar con un Chromebook supone básicamente (salvo algunos detalles de menos importancia) trabajar con Google Chrome. ¿Qué quiere decir esto? Que si estamos acostumbrados a utilizar el navegador de Google, si utilizamos de forma habitual sus extensiones y sus aplicaciones y sobre todo, si estamos acostumbrados a guardar nuestra información más valiosa en “la nube”, Chromebook se nos descubrirá como un equipo con muchas ventajas: rápido, con una batería que aguanta muchas horas y un precio más que asequible (suelen situarse en la orla de los 300 euros).

Ahora bien, si somos de los que nos preocupa que Google y otras empresas nos “espíen”, si lo que nos gusta es trabajar en el escritorio y sobre todo si usamos aplicaciones profesionales que no tienen su equivalente en la Red, entonces Chromebook desde luego no es para nosotros.

Si os fijáis, del párrafo anterior lo más interesante es “aplicaciones profesionales que no tienen su equivalente en la Red”. Es sorprende constatar ya el enorme número de aplicaciones que sí están en Internet y que de quererlo, resuelven casi todas nuestras necesidades. Incluso una de las grandes, como es Photoshop ya está dando los primeros pasos para ser completamente funcional desde Internet.

En mi caso, tal vez por el hecho de cambiar con frecuencia de equipo, el trabajar de forma casi exclusiva en Internet es toda una ventaja que me evita muchos quebraderos de cabeza cuando tengo que hacer una migración. Y es que en mi caso…

  • Mis documentos: archivos de Word, Excel, PowerPoint, PDF, etc. se almacenan en Google Drive.
  • Mis fotografías: estás respaldas con una copia de seguridad en OneDrive, donde tengo almacenamiento ilimitado.
  • Mi música: confío de forma exclusiva en Spotify y Google Music
  • Mis tareas: trabajo con Any.Do
  • La información que necesito recordar: no hay nada mejor que Evernote y Onenote.
  • Y así un largo etc. con el que no os quiero aburrir.

El hecho de que una simple combinación user/password me de acceso instantáneo a todo lo que necesito, me parece la gran, gran ventaja de la nueva informática: una en la que los equipos que llegan al usuario final no tendrán que ser tan potentes, en la que el sistema operativo elegido tendrá una importancia muy secundaria y que por supuesto, promete accesibilidad en todo momento y en casi cualquier lugar.

¿Tiene riesgos? Por supuesto. Todavía en la historia de la humanidad no se ha inventado nada “libre de riesgos”. Podemos perder toda nuestra información (de la misma forma que nos puede pasar en nuestra casa), nos la pueden robar (de la misma forma que nos puede pasar en nuestra casa) y nos pueden espiar (de la misma forma que nos puede pasar en nuestra casa).

Eso sí, si yo tengo que elegir, me quedo con los supuestos “riesgos” de confiar en la nube a las “garantizadas seguridades” de no hacerlo.

Uber contra Uber

Uber es uno de los servicios que más está dando de lo que hablar en los últimos meses. Su llega a a España a puesto en pie de guerra al sector del taxi, que ha conseguido una victoria parcial: en Madrid la administración podrá multar a los conductores que trabajen para Uber y está en fase de estudio la posibilidad de sancionar también a los pasajeros.

Esta misma semana en MuyPymes he publicado el artículo “¿Hasta dónde llega la responsabilidad de Uber?”, en el que analizo, más allá de la polémica y acusaciones de competencia desleal, qué supone para el usuario de a pie el confiar en este servicio.

Como veréis, lo primero que llama la atención es que al aceptar los términos de uso del servicio, descargamos a a compañía de cualquier responsabilidad sobre lo que pueda pasarnos. Es decir que si tenemos un accidente, no podremos demandar a la empresa. Si el conductor decide robarnos, como mucho podremos denunciar al conductor, pero la empresa se lava las manos de cualquier responsabilidad. Y aún peor, si nuestro conductor es en realidad un psicópata que decide secuestrarnos y violarnos, tampoco encontraremos en Uber un servicio que pueda ofrecernos garantía de ningún tipo.

El hecho de que todo esto suene bastante exagerado, no quiere decir me temo, que no tenga un poso de realidad. El pasado mes de agosto escribía en “Uber: secuestros y violaciones en el servicio P2P más popular” cómo  determinados conductores de este servicio, habían cometido todo tipo de tropelías.

Como siempre, esto es compatible con la afirmación de que en el 99,9% de los casos, los conductores de Uber proporcionan un servicio profesional, en ocasiones mejor al que pueden ofrecer los taxis de cualquier ciudad. Pero si tenemos en cuenta que al fin y al cabo la diferencia de las tarifas entre los primeros y los segundos no es tan alta, y que en un servicio de taxi contamos no sólo con un seguro de responsabilidad civil, sino con un profesional que tiene que cumplir con la normativa vigente (estado del vehículo, estado físico, formación, etc.) ¿Cuál es la necesidad de arriesgar?

Uber puede ciertamente tener más sentido en aquellas poblaciones en las que escasean los taxis, en las que hay que llamar por teléfono y esperar… pero en una ciudad como Madrid, en la que casi hay más taxis que coches particulares circulando por sus calles, se me hace difícil pensar que el peatón medio vaya apostar por solicitar un coche desconocido desde la App, antes que  sencillamente levantar la mano para parar un taxi, o incluso utilizar todas esas apps que permiten reservar un taxi de forma legal (Hailo, MyTaxi, Pidetaxi, etc.)

La tecnología que usas es (casi) irrelevante y aburrida

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Vivir y trabajar en el mundo tecnológico supone entre otras cosas, asistir a disputas encarnizadas entre los defensores de una y otra tecnología: Windows vs Mac; Windows vs Linux; iOS vs Android; Ubuntu Vs el resto de distribuciones Linux y así un largo etc. que daría para un buen puñado de artículos.

Lo cual no es malo si empleamos argumento racionales para defender las bondades de una o de otra tecnología. Otro cantar son por supuesto los famosos fanboys, usuarios hacen de una marca una seña de identidad, que se visten de los colores corporativos de Apple, Google, Microsoft  y otros.

Lo curioso es que tras pasar cinco años trabajando en una editorial tecnológica y después de haber tenido la oportunidad de probar decenas de dispositivos y sistemas operativos, es fácil llegar a una curiosa conclusión: la tecnología que escoges es casi irrelevante.

Por supuesto, cada sistema operativo tiene sus ventajas y hacen las cosas de una forma que les diferencia de los demás. Por supuesto, no es lo mismo invertir 100 o 600 euros en un smartphone. Pero en condiciones similares de hardware, la evolución tecnológica del software ha llegado a un punto de calidad en el que el único factor diferenciador se convierte en una percepción puramente subjetiva.

Yo, que personalmente he trabajado con Windows, Mac y Linux, que he utilizado tablets iOS, Android y Windows y que en el terreno de los smartphones he utilizado prácticamente todos los sistemas operativos que se han presentado en el mercado (iOS, Android, BlackBerry, Windows Phone, Firefox OS, Symbian) puedo afirmar que si bien hasta hace dos o tres años existía una diferencia racional en cuanto a características y capacidad, ésta se ha borrado de un plumazo.

Incluso en el terreno de las Apps, que ha servido durante años para poner por delante a Apple frente a sus competidores, se está viendo cómo cada día se acortan las distancias y que casi todo lo que podemos hacer con un sistema operativo de escritorio o mobile, lo podemos hacer con su competencia.

Si a esto le añadimos fenómenos como el auge del cloud computing y el avance casi imparable de aplicaciones basadas en HTML5, veremos cómo la industria se aproxima a un momento tecnológico de uniformidad, casi plano, en el que cualquier novedad o avance que se produce es puramente incremental, y en el que parece difícil encontrar espacio para tecnologías disruptivas adoptadas a gran escala.

¿Qué va a salvarnos de este momento de “aburrimiento” que vivimos? Dicen los nuevos evangelistas que los dispositivos weareables y el Internet de las Cosas. Los primeros, presentados como pulseras que miden nuestro ejercicio físico, smartwatches, o gafas inteligentes, plantean más preguntas que respuestas, toda vez que por redundantes (frente al smartphone), no han conseguido de momento crear una categoría de producto que sea lo suficientemente atractiva para los usuarios.

En cuanto al Internet de las Cosas, no estamos de momento más que en un estadio muy inicial que no impacta en la vida diaria de las personas. Es cierto que se están haciendo cosas y que hay aplicaciones que van a ser obligatorias (como la SIM en los vehículos o en los ascensores, los contadores de luz inteligentes, etc.) pero no parece que a día de hoy tenga ese factor wow que se produjo cuando Steve Job presentó el iPhone, ese antes y después que se produjo en el mismo momento en el que terminó la famosa Keynote.

¿Y si tuviéramos que apostar nuestras cartas a la próxima gran revolución? Hay campos que se mueven con cierto interés (medicina, domótica…) pero si fuese mi dinero el que tuviese que apostar, tal vez lo hiciera por nuevas baterías que dieran sentido a vehículo eléctrico.. tal vez por justificar ese pensamiento mío, tan personal, que dice que no podremos salvarnos mientras nos movamos con ruedas de gasolina.