Ideas de verano: historia de Zappos y Bullet Jornal

En plena canícula estival, cuando salir del trabajo a las tres de la tarde y recorrer los 500 metros que me separan del metro me deja en el mismo estado que los 20 Km marcha que se chupa Paquillo Fernández en uno de sus días tontos, he tenido un golpe de inspiración calor que me ha llevado a preguntarme: ¿De qué startups quiero hablar? ¿Cuál es su historia? ¿A quién le importa?

La consecuencia de ese aviso serio de deshidratación se refleja ya en MuyPymes. Hoy  inauguro la serie de artículos “Startups con historia” y me estreno con  la historia de Zappos y la cultura corporativa de una empresa que ha sabido cambiar las reglas del comercio electrónico. Uhhh suena interesante eh? Ya os oigo decir…¡Por favor, queremos saber más!

La empresa de Tony Hsieh siempre me ha gustado por varias cosas: porque pasan del mundo hipster puntocom de Silicon Valley y se han atrevido a darlo todo en la “ciudad del pecado” (a.k.a Las Vegas); porque es de las pocas empresas que entiende lo que quiere decir el servicio de atención al cliente y sobre todo, porque han conseguido que comprar zapatos en Internet haya dejado de ser la experiencia más aburrida del mundo… sólo superada (mucho me temo) por la de comprar en uno de esos supermercados on-line tan eficaces y limitados. Os animo a leerla.

Como las malas ideas nunca llegan solas, también he querido darle una oportunidad a un método de organización personal que promete cambiar mi vida. Se llama Bullet Journal y básicamente para ponerlo en marcha solo necesito una carísima Moleskine y un pilot que escriba bien. Como Moleskine no tengo y el pilot está gastado, voy a hacer lo mismo con un cuaderno de cuadros y uno de esos BIC que andan por casa. Las reglas parecen bastante sencillas por lo que parece difícil que la pueda cagar.

Si lo amaré toda la vida o lo abandonaré mañana sólo el tiempo lo dirá y por supuesto, vosotros nunca lo sabréis. No puedo perder esa “justificada” fama que me he ganado a pulso en los “exquisitos” círculos de los gurús de productividad. En cualquier caso, os animo a echarle un vistazo, que os estáis quedando tontos con tanta App.

 

 

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La noticia del día

¿Qué les interesa a los ciudadanos? ¿Qué es lo que quieren saber? Y no, no hablo de lo que los medios piensan que los ciudadanos deben saber, o de lo que les interesa que sepan. Sino realmente de lo que necesitan saber. Si los periodistas únicamente pudiesen dar una noticia cada día…¿Cuál sería? Si automáticamente el resto de noticias pasaran a formar parte de la ignorancia colectiva, si tuviésemos la gran responsabilidad de dar “La noticia del día” ¿Qué le contaríamos a los ciudadanos?
Pongamos por ejemplo que la noticia del día fuese el titular de apertura de los grandes medios nacionales de nuestro país. En este caso, tendríamos lo siguiente (a día 7 de febrero de 2014 – 19.35 de la tarde).

¿De qué forman a la vida cotidiana de los ciudadanos cada uno de estos titulares? Las noticias de ABC y La Razón especulan (sorpresa, sorpresa) con un posible (puede que sí, puede que no) gesto de ETA (esa banda que ni está ni se le espera), sin precisar de que gesto se trataría.

El País se abona al periodismo de declaraciones, ese tan fácil de “ha dicho que”, que en muchos casos y especialmente en este, no ofrece noticia ninguna. En El Mundo, tras la expulsión de Pedro J deciden hacerle la rosca al Gobierno y se explayan con ministro que quiere comparecer (es su obligación democrática no lo olvidemos) tras la tragedia de Ceuta. Los titulares de Infolibre y de Público resultan para este propósito tan absurdos que no merece la pena analizarlos y únicamente ElDiario se atreve a dar como titular principal una verdadera noticia, una noticia realmente relevante.

¿Deberíamos considerar por lo tanto “La Guardia Civil reconoce que expulsó inmediatamente a Marruecos a inmigrantes que salían del agua” como la noticia del día? Desde luego tiene muchos de los ingredientes para serlo: es original, denuncia una flagrante ilegalidad, se pone de lado de las víctimas, e informa de una situación de tremenda injusticia social.

Y sin embargo, si únicamente pudiésemos escoger una noticia. ¿Sería esta la más importante para el conjunto de los ciudadanos? ¿Es esta la noticia que les va a hacer reflexionar a lo largo del día? Sin esforzarme demasiado, he encontrado esta noticia en páginas interiores de “La Voz de Galicia”: Los pacientes españoles podrán recibir asistencia en otro país de la Unión Europea

¿Llama la atención verdad? Porque lo primero que uno se pregunta es: ¿Acaso es que antes no teníamos ese derecho? y lo siguiente es: ¿Dónde está el truco? Y antes de pinchar y leernos la noticia, notamos en el estómago esa sensación de ligera ansiedad, de incomodidad, de querer saber más inmediatamente. Es la noticia del día.

La pataleta

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Cierra Canal 9, el órgano de propaganda que durante los últimos 20 años ha servido a los intereses del gobierno valenciano. Lo hace tras una sentencia que obliga a readmitir a más de 1.000 trabajadores despedidos hace un año y cumpliendo la amenaza de Fabra, uno de los políticos más grises de esta nuestra España cada vez más en blanco y negro.

Pero como el moribundo que antes de su fatídico final se siente un poco mejor, los trabajadores que quedan en la redacción del canal valenciano, quieren aprovechar estas últimas semanas de vida para su particular vendetta. Utilizan los informativos y el resto de espacios en los que se da voz a la información, para denunciar que han sido manipulados, que se les amordazaba, que no se les dejaba informar y se les coaccionaba a diario.

Y así les hemos visto ahora pidiendo perdón por ocultar el accidente de metro que costó la vida de 43 personas, asegurando que su atitud fue “indigna” y culpando a los “despachos de esas voces que se quisieron silenciar”. Les hemos escuchado denunciar cómo se les prohibía hablar de recortes, que se les obligaba a censurar las denuncias de la oposición o incluso que el panegírico del líder era una constante de obligado cumplimiento en todas las escaletas.

Es ahora, cuando su final ya está más que firmado, cuando no tienen un puesto de trabajo que perder, porque ya lo han perdido, cuando los periodistas de Canal 9 se han dado cuenta de que lo que es ser periodista. Durante todos estos años las amargas quejas se han diluido frente al café de la máquina, en algunos corrillos de pasillo o en el roce diario con los profesionales de otros medios.

¿Pero cuántos de estos que hoy se rasgan las vestiduras dieron en su día un paso al frente? ¿Quiénes se atrevieron a denunciar la censura que ahora parece les acompañaba desde que cruzaban el hall del estudio de televisión?

Y si desde que se recuerda el PP manipulaba la información autonómica a su antojo, y si no estaban de acuerdo con esa política, ¿Quién les obligó a firmar el contrato de trabajo? ¿Quién les puso la pistola en el  pecho para que se presentaran a una plaza? Me encantan estos dos últimos párrafos míos, escritos desde la más pura y facilona demagogia.

No me parecería mal este cambio de rumbo si no fuese porque llega demasiado tarde. Porque es la pataleta del “a mí no me dejan”, a “mí me obligaron” o aún peor: “yo solo cumplía órdenes”. Pero a mí esto no me vale. El que cumple unas órdenes injustas a sabiendas de que lo son, no puede aspirar a expiar su culpa cuando ya no tiene nada que perder.

A estos, en mi casa los llamaban cobardes. Yo no diré tanto.

 

La violencia como noticia

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“La violencia como noticia” es el título del último libro del periodista José María Calleja. Nos habla de cómo los medios de comunicación han hecho del suceso violento el hilo conductual de su discurso narrativo, dejando de lado el análisis serio y su misión principal: el servicio al ciudadano.

La publicación viene al pelo si pensamos en el espectáculo bochornoso que estos días están dando los medios de comunicación con la noticia del asesinato de Asunta Basterra, la niña de 12 años que presuntamente fue asesinada por sus padres.

Es cierto que posible el asesinato de una menor por sus padres es un hecho noticioso. Y también lo es que las circunstancias de su muerte, en la que juegan un papel destacado posibles herencias y otras muertes sospechosas llaman al morbo y a la “agitación popular”. Pero de ahí a convertirse en un asunto con el que abrir día sí y día también los informativos de varias cadenas de televisión y protagonizar no pocas portadas de periódicos impresos y ediciones digitales de cabeceras supuestamente serias, hay un trecho.

Tradicionalmente era el verano la época del año en la que los medios de comunicación españoles, escogían para cebarse en este tipo de historias. La falta de actividad parlamentaria y la escasez de noticias fáciles provocaban que pudiésemos seguir cada día todos los detalles de casos como el asesinato de Sonia Carabantes o la desaparición de Madeleine McCann.

Ahora sin embargo en esta nuestra prensa cada vez más maniatada, ciega muda y sorda, se hace del suceso violento el modus vivendi,  el refugio del cobarde que considera que esta es la única forma de vender historias, que es la única forma de dar “al público” lo que pide, esto es: sangre, sudor y lagrimas, mezcladas con una buena dosis de deportes.

Algunos pueden pensar que esta misma crítica es aplicable a coberturas informativas como las que se hicieron en el “Caso Madrid Arena”, pues al fin y al cabo era la violencia la que protagonizaba la noticia. La historia aquí es muy diferente, ya que lo que realmente importaba (y sigue importando) era dirimir si existían responsabilidades políticas y hasta qué punto los responsables de la organización podían haber evitado el suceso.

Lo criticable de este caso no fue la extensión de su cobertura mediática, que parece más que justificada, sino la pobreza de la misma. Una cobertura realizada a base de notas y ruedas de prensa y declaraciones oficiales. Ni un sólo medio de comunicación encargó a uno de sus profesionales la investigación de uno de los escándalos más importantes para el Ayuntamiento de Madrid en los últimos años. Como casi siempre, se quedaron a verlas venir, en una posición que cada vez hace más prescindible la figura del periodista.

Pero volviendo al caso de Asunta Basterra, parece casi evidente que la prensa española supuestamente seria, está viviendo un proceso de “tabloidización” que toma directamente de ejemplos nefastos como Daily Mail o The Sun. De alguna manera el lector español que había alcanzado la mayoría de edad y se había merecido tener a su disposición medios serios y rigurosos está viendo también en el campo informativo, cómo se recortan sus derechos.

Y Amazon compró el Washington Post

washington post

Imaginen que un día se levantan, ponen la televisión y escuchan la noticia de que El Corte Inglés ha comprado El País. ¿Qué pensaría? ¿Cuál sería su reacción? Y más allá de esto…¿Cuáles serían las consecuencias? Si usted es lector habitual de El País…¿Seguiría comprándolo? ¿Le preocuparía unos grandes almacenes controlasen uno de los medios de comunicación más importantes?

Pero volvamos a la realidad. El Corte Inglés no ha comprado El País (o al menos no de forma nominal). Lo que sí ha pasado es que Amazon ha comprado el Washington Post. La multinacional ha invertido 250 millones de euros para hacerse con un periódico que si bien ya no es lo que era, sigue contándose entre las cabeceras de referencia en nuestro planeta.

La pregunta en estos momentos no es porqué la familia Graham (propietaria de un diario que contó con Bob Woodward entre sus firmas) vende un diario que cada año pierde lectores, tirada y dinero. La pregunta que cabe hacerse es para qué necesita una empresa como Amazon hacerse con un periódico como el Washington Post o con cualquier otro diario.

En “Toma el Washington Post, Jeff, a ver qué se te ocurre” Jordi Pérez Colomé se aventura a decir que Amazon necesita creadores de contenidos y que en este terreno, pocos van a superar a los periodistas del Post. Es una idea que el periodista deja caer en un artículo que se centra no obstante en la crisis del periódico, el traslado de audiencias y el retrato de un modelo con fecha de caducidad.

Y sin embargo lo que a mí me parece más interesante de la noticia, es precisamente el papel que está comenzando a adquirir Amazon a la hora de crear contenidos. Como comentaba en el artículo “House of cards o el triunfo de Internet”, la empresa de Jef Bezzos ha entrado de lleno en la producción de series de televisión propias y como apunta en su artículo Pérez Colomé, resulta igualmente significativo el hecho de que la última entrevista que concedió Barack Obama se publicó precisamente en la tienda Kindle de Amazon (eso sí, de forma gratuita) dejando al margen a los medios tradicionales.

¿Puede convertirse Amazon en un actor relevante en el mundo de los contenidos? La empresa tiene desde luego la capacidad de llegar a millones de usuarios que disponen de un lector de e-books Kindle, una tablet Kindle Fire  o que son suscriptores de su canal de vídeo bajo demanda Amazon Instant Video. Un poder que desde luego, no es ni mucho menos desdeñable.

Amazon ya tiene la capacidad para que cuando esos usuarios enciendan su tablet o su lector de libros, lo primero que vean sea una selección de contenidos que la empresa ha preparado (curated dicen los anglos) para ellos o lo que es lo mismo: tiene la capacidad para “puentear” a los medios tradicionales.

¿Le conviene hacerlo? Lo más probable desde mi punto de vista es que a corto plazo veamos una fuerte integración de los contenidos del Post en la Kindle Store, ofreciendo a los usuarios grandes reportajes entrevistas interesantes, etc. y en el mismo sentido no sería extraño que precisamente a los usuarios de Kindle se les ofreciesen ventajas y precios especiales por suscribirse a las ediciones tradicionales del Post.

En un segundo momento (pero aquí ya es aventurar) Amazon podría crear su propia cabecera. Por supuesto no sería un periódico de papel y es probable que tampoco viésemos un diario on-line como los conocemos ahora. De hacerlo, lo más probable es que se tratase de una distribución basada en contenidos y no en una marca.

Porque de la misma forma que a la hora de comprarnos un libro de Ken Follet, no necesariamente vamos a estar interesados en leernos el resto de libros del autor, la nueva forma de consumir contenidos implica que en la mayoría de los casos no vamos a estar interesados en el “paquete completo”.