Uber contra Uber

Uber es uno de los servicios que más está dando de lo que hablar en los últimos meses. Su llega a a España a puesto en pie de guerra al sector del taxi, que ha conseguido una victoria parcial: en Madrid la administración podrá multar a los conductores que trabajen para Uber y está en fase de estudio la posibilidad de sancionar también a los pasajeros.

Esta misma semana en MuyPymes he publicado el artículo “¿Hasta dónde llega la responsabilidad de Uber?”, en el que analizo, más allá de la polémica y acusaciones de competencia desleal, qué supone para el usuario de a pie el confiar en este servicio.

Como veréis, lo primero que llama la atención es que al aceptar los términos de uso del servicio, descargamos a a compañía de cualquier responsabilidad sobre lo que pueda pasarnos. Es decir que si tenemos un accidente, no podremos demandar a la empresa. Si el conductor decide robarnos, como mucho podremos denunciar al conductor, pero la empresa se lava las manos de cualquier responsabilidad. Y aún peor, si nuestro conductor es en realidad un psicópata que decide secuestrarnos y violarnos, tampoco encontraremos en Uber un servicio que pueda ofrecernos garantía de ningún tipo.

El hecho de que todo esto suene bastante exagerado, no quiere decir me temo, que no tenga un poso de realidad. El pasado mes de agosto escribía en “Uber: secuestros y violaciones en el servicio P2P más popular” cómo  determinados conductores de este servicio, habían cometido todo tipo de tropelías.

Como siempre, esto es compatible con la afirmación de que en el 99,9% de los casos, los conductores de Uber proporcionan un servicio profesional, en ocasiones mejor al que pueden ofrecer los taxis de cualquier ciudad. Pero si tenemos en cuenta que al fin y al cabo la diferencia de las tarifas entre los primeros y los segundos no es tan alta, y que en un servicio de taxi contamos no sólo con un seguro de responsabilidad civil, sino con un profesional que tiene que cumplir con la normativa vigente (estado del vehículo, estado físico, formación, etc.) ¿Cuál es la necesidad de arriesgar?

Uber puede ciertamente tener más sentido en aquellas poblaciones en las que escasean los taxis, en las que hay que llamar por teléfono y esperar… pero en una ciudad como Madrid, en la que casi hay más taxis que coches particulares circulando por sus calles, se me hace difícil pensar que el peatón medio vaya apostar por solicitar un coche desconocido desde la App, antes que  sencillamente levantar la mano para parar un taxi, o incluso utilizar todas esas apps que permiten reservar un taxi de forma legal (Hailo, MyTaxi, Pidetaxi, etc.)

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