Periodistas necesarios

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El mayor riesgo que vive el periodismo hoy en día, es el de convertirse es completamente innecesario. El riesgo es mucho más real de lo que parece. Basta dar una vuelta por las cadenas de televisión o escudriñar la primera página de la mayoría de los diarios de tirada nacional para darse cuenta que en muchos casos, la profesión ha tirado la toalla.

Ahí están las Susana Griso, las Mariló Montero, los Julio Somoano y los Paco Marhuenda. Ahí están los García Ferreras, Enric Sopena, las María Antonia Iglesias, Isabel San Sebastián y un largo etc. Chillones, pagados de sí mismos, tertulianos todólogos y reducidos a la mínima expresión, completamente irrelevantes, inservibles para el ciudadano, prescindibles.

A ellos les acompañamos el resto. Periodistas de salón, calienta butacas que esperan que suene el teléfono para tener el notición. Tiranizados por agencias de comunicación, directores de publicidad, intereses creados y la comodidad de cobrar a fin de mes un sueldo más o menos digno y no tener que pensar en nada más. Un trabajo más.

Y entre tanta basura, muy de vez en cuando aparece el periodista necesario. Imprescindible para comprender el mundo en el que vivimos. Hombres y mujeres que de verdad se la juegan, que dan la cara y que en la mayoría de las ocasiones, tienen una ética y una profesionalidad que les sitúa muy por encima de los medios para los que trabajan.

Ahí están Javier Espinosa y Ricardo García, capturados en Siria  por hacer lo único que sabían hacer: intentar entender lo que está pasando y contar la verdad para que otros la conozcan. Ahí están muchos de los purgados de Radio Nacional, como Javier Gallego (un compañero imprescindible si te gusta la Carne Cruda) o Toni Garrido que muy justamente renunció a escuchar RNE “por higiene mental”.

Y por supuesto ahí están el estupendos Jordi Pérez Colomé (imprescindible su Obama World), la reconfortante Pepa Bueno y el histriónico-patadaenloscojones Javier Pérez de Albéniz, expulsado de las filas de Pedro J. por decir que el 11-M no era ETA.

Se puede luchar contra el periodista necesario, pero no se le puede callar para siempre. Porque el periodista necesario necesita hablar, contar, llegar a todo el que quiera gastar un minuto escuchando. Y de las cenizas de la aniquilación innecesaria de Público, han nacido estupendos proyectos como Líbero o la Revista Mongolia. Y sino es en papel, la Red ha demostrado que sigue habiendo un hueco para medios que hacen suya la bandera de la diferencia. Que es posible que cabeceras como eldiario.es o Infolibre planten cara al consejero delegado mejor pagado de Europa. 

Afirma Tom Wolfe en una reciente entrevista para ABC, que “El periodismo te vuelve más valiente de lo que eres” y no sé si está en lo cierto. El periodismo puede convertirse en un personaje valiente y comprometido; pero también puede desdibujarte y acentuar tus defectos al máximo. Así que si ya eres periodista o si estás estudiando para serlo, juégatelo todo a una carta: renuncia a todas las comodidades, abandona los lugares comunes y vuelve a la calle. Conviértete en ese periodista necesario que tanto echamos de menos.

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