Rompiendo una lanza a favor de la BBC

Parece casi un cliché el decir que probablemente la BBC representa todo lo que una televisión pública debería ser: independiente, fiel a sus principios y con una fuerte vocación de servicio al ciudadano. Sobre todo ahora, cuando la cadena británica no pasa por su mejor momento.

Dos han sido los sucesos que últimamente han sacudido los cimientos de una de las cadenas más prestigiosas del mundo. El primero, el haber ocultado los abusos sexuales de Jimmy Savile (ya fallecido), uno de sus periodistas estrella, al que se le acusa de haber cometido abusos sobre al menos 200 menores y posteriormente, haber cancelado la emisión de un reportaje en el que se recogían testimonios de esos mismos abusos.

El segundo, quizás más grave, ha sido el acusar de pederastia a un político (Lord McAlpine, antiguo tesorero de Margaret Thatcher) cuando no sólo no tenía pruebas para ello, sino el testimonio en el que se basaba esta acusación reconoció enseguida que podía haberse equivocado. Estos dos traspiés le han costado una indemnización de 229.000 euros al político difamado y la dimisión de George Entwistle, director de la cadena.

Sobrevivir a los escándalos

Tras estos hechos podríamos pensar que la cadena se enfrenta a una seria crisis institucional y sin embargo, sin negar que han cometido errores, la BBC ha vuelto a demostrar por qué es una referencia en todo el mundo.

En el primero de los casos, porque fueron capaces de emitir un reportaje en el que básicamente hablaban (apoyándose en múltiples testimonios) de todo el proceso que llevó no sólo a encubrir la pederastia de Jimmy Savile, sino también de por qué censuraron el programa en el que se hablaba de ese caso, tomando para ello testimonios de sus propios trabajadores y todas las partes implicadas.

En el segundo de los casos, tras la dimisión se George Entwistle, se produjo toda una investigación interna en la compañía, de modo que cristalizó en que el propio George Entwistle, se sometió al interrogatorio de uno de los entrevistadores más incisivos, John Humphrysen una entrevista tan dura que dejaría a la propia Ana Pastor como una simple alumna de primero de periodismo.

En definitiva, un ejercicio de transparencia que a día de hoy resulta totalmente impensable en un país como España. ¿Alguien se imagina a la buenaza de Ana Blanco entrevistado de verdad a Julio Somoano? (sin que Ana Blanco perdiese su puesto al día siguiente). En la BBC sería inconcebible que una política como María Dolores de Cospedal acusase en antena a uno de los periodistas (Ana Pastor) de que su cadena no es imparcial…en la BBC sería inconcebible que una política (Esperanza Aguirre) abroncase a unos periodistas (Telemadrid) por acudir a cubrir un gran incendio de su propia región…en la BBC sería inconcebible que tras una sentencia judicial, su director de informativos (Urdaci) acatase la sentencia sobre un fondo negro, de forma atropellada, diciendo eso de “ce ce o o).

¿Necesitamos esta televisión pública?

La BBC es una televisión pública, de servicio público y precisamente por eso, ningún político se atreve a sugerir quien tiene que dirigirla, o qué línea ideológica tiene que seguir. Dispone para ello de su propio Royal Charter, que al ser renovado cada diez años, evita los vaivenes de la política local.

Se ha convertido por lo tanto en un auténtico grano en el culo de los políticos ingleses, que al mismo tiempo que la respetan, también la odian y hacen lo posible por influir en ella, sin por supuesto, conseguirlo. En España todo lo que conseguimos en su momento es que los dos principales partidos se tuvieran que poner de acuerdo a la hora de elegir al director de RTVE. Sin duda todo un “avance”, pero muy lejos en todo caso del paradigma británico.

Ahora que hemos vuelto a las andadas, a la televisión de partido, a los periodistas de nuestra cuerda, a la purga de periodistas (pero también de cámaras, técnicos de sonido, gráficos) cabe preguntarse si en España es realmente viable una televisión pública. Sobre todo porque lo único de público que tienen las televisiones de nuestro país es la financiación que reciben.

Todo lo demás parece pensado por y para apuntalar la imagen del partido de turno, pasar por encima de los intereses del ciudadano y dejar eso del servicio público para otra ocasión.

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