De la burbuja 1.0 a la burbuja social

Burbujas. Es de lo que se habla y se escribe hoy en día. De la burbuja inmobiliaria, de la burbuja del crédito fácil, de la burbuja financiera y especulativa.

Se habla menos de la burbuja 2.0, de la sobredimensión de empresas y start-ups tecnológicas, que parecen no haber aprendido demasiadas cosas de la catástrofe que vivió el sector entre 1997 y 2001. Se la llamó la burbuja de la puntocom, un grupo de gigantes empresariales que como suele decirse hoy en día, “había vivido por encima de sus posibilidades”.

En aquel entonces, la sobrevaloración del valor real de empresas que nacían bajo el paraguas de un Internet que daba sus primeros pasos, el hambre desaforado de los fondos de capital riesgo y la confianza excesiva del sistema financiero llevaron al traste a empresas míticas como Geocities (comprada y finalmente cerrada por Yahoo!), Boo.com (que invirtió 188 millones de euros en seis meses para crear una tienda de moda on-line global) o  Pets.com (dedicada a las mascotas).

La burbuja estuvo apunto de acabar también con compañías milagro como Amazon (cuyas acciones pasaron de 100 a 7 dólares en pocos meses), eBay (se salvó de la quiebra casi de milagro) o la incipiente Lastminute, que debutó en la Bolsa de Londres meses antes de que el mundo financiero se diese cuenta de que había llegado el momento de desinvertir.

No sólo afectó a las empresas de Internet sino a las que hacían de la Red su negocio. Un caso claro es el de Cisco, que llegó a perder un 86% de su valor en el Nasdaq, por no hablar de fraudes como el de Worldcom, un proveedor de servicios on-line que fue denunciado por falsificación contable y fiscal.

La burbuja 2.0 o la burbuja social

Las empresas que sobrevivieron al estallido de la primera burbuja (Yahoo, Amazon, eBay) y otras que nacieron a su sombra a mediados de la década de los 2000 demostraron la inteligencia suficiente como para re-dimensionar su estructura y dar con la tecla para ser rentables.

Hasta ahora. Como si Silicon Valley no fuese capaz de aprender (o de aprender todo lo que debería), ya se escuchan las primeras voces que alertan del próximo estallido de la segunda burbuja tecnológica. El principal protagonista de la historia es por supuesto Facebook.

Su azarosa salida a Bolsa provocó que en agosto de este mismo año, tres meses después de que Marck Zuckerberg hiciese sonar la campana en Wall Street, el valor de las acciones cayese hasta los 20 dólares, frente a los 38 dólares con los que debutaron en el parqué y a día de hoy se mantienen más o menos estables entre los 19 y 20 dólares.

No se trata únicamente que la IPO (oferta pública de acciones)  de la compañía estuviese claramente sobredimensionada (100.000 millones de dólares) sino que pronto los inversores (¡cómo lo lo habían adivinado antes!) comenzaron a pensar que Facebook no era una empresa rentable, que realmente no producía beneficios y que los ingresos que obtenía por publicidad difícilmente cubría los gastos.

No ayudó a mejorar esta percepción la compra de Instagram, por la cual la red social más grande del mundo pagó 1.000 millones de dólares, una cantidad totalmente exagerada si se tiene en cuenta que a día de hoy Instagram no ha generado un sólo dólar de beneficio y lo que es peor: no parece viable que a corto plazo pueda hacerlo.

Pero no es Facebook la única empresa sobre la que se ciernen oscuros nubarrones. Zynga, la empresa de juegos sociales (famosa por Farmville o Cityville) ha visto como su destino se une a la de la propia Facebook y los expertos aseguran que el precio de sus acciones ha caído tanto que literalmente “la compañía no vale nada”

En una situación complicada se encuentran también empresas como Groupon, Pandora, Demand Media o Yelp, todas ellas con fracasos sonados en su salida a Bolsa. De la quema se salva por los pelos LinkedIn, que quizás por tener una orientación completamente distinta a la de la mayoría de las redes sociales con ínfulas, supo sortear los primeros obstáculos, aunque de momento su cotización en Bolsa es plana con una ligera tendencia a la baja.

Todos estos datos han desalentado la salida a Bolsa de Twitter, una empresa que tarde o temprano va a tener que rendir cuentas (se dice en 2014) y para cuando eso llegue, va a tener que demostrar que tiene un plan de negocio viable y una fuente de ingresos publicitarios sólida. A día de hoy, no tiene ninguna de las dos cosas.

Pero más que una burbuja 2.0, lo que se está fraguando es una burbuja social media o una burbuja asociada a las redes sociales. Si miramos los datos, las empresas de Internet que o no son redes sociales o que no dependen de sus servicios, no sólo sobreviven sino que crecen a buen ritmo. Ahí están Amazon, Google o Zoho por ejemplo si queremos ejemplos más locales, sacan pecho las Idealista o los BuyVIP.

¿Es por tanto un fracaso en el modelo de negocio de lo social o hay algo más?

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